Partidos heridos

Partidos heridos

Marzo 16, 2018 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Impensable que pudiera suceder. Que el partido que en la región estuvo representado en un mismo momento en el Senado por Carlos Holguín, Rodrigo Lloreda y González Narváez pudiera quedarse sin representación allí. Es el mismo partido de Aida Merlano en la Costa Atlántica, la de la trapisonda electoral cuyo descrédito avergüenza toda una colectividad. El de Manzur, Hernán Andrade, Uribito, Blel, Pestana, Merheg. Los ejemplos son muchos y en honor a la verdad, son peores en otros partidos.

¿Qué le pasó al Partido Conservador? Que perdió su norte como bandera política. Desde mucho antes de la llegada de Santos se embelesó con lo que hoy denominan mermelada y no pudo volver a volar pues la miel de la burocracia generosa embadurnó sus alas. Se perdió la entereza de hacer oposición con ideas y con creatividad y fuimos aliados, especialmente en el gobierno Uribe, de una masa amorfa de movimientos que acompañamos con ilusión el proceso de pacificar el país derrotando a la insurgencia.

Terminamos siendo uno más. No el socio que podía exhibir su valioso aporte sino una concubina más en el harén republicano. El monarca se hizo dueño de la victoria y del futuro, y los socios, los partidos tradicionales quedaron desfigurados, viendo además cómo se atomizaban en aras del fortalecimiento de concubinas más rozagantes y expeditas, como La U y Cambio Radical.

Al final ninguno tiene ideario y como consecuencia la calidad de los líderes se vino en barrena. No se requiere alto nivel intelectual o académico para dirigir partidos, que como los de hoy se orientan por la burocracia y no por los programas económicos o sociales. A menos obviamente que tras estos haya contratos.

Tristemente esos dos elementos, los puestos y los contratos, terminaron perversamente ligados. Pasamos de la burocracia que daba votos a la que da contratos, a la que se obsesiona por enriquecer una cadena reducida en el corto plazo, sin importarle la suerte de la comunidad y mucho menos el destino de sus partidos.

Los partidos requieren autoexaminarse con sinceridad. Opciones como Petro surgen como reacción a lo que terminaron representando y haciendo los otros políticos. No por admiración al pésimo exalcalde.
¡Grandeza y responsabilidad, señores!

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