¡Me tocó perro!

Junio 30, 2017 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Siempre vi que la felicidad no era la característica sobresaliente de aquellos señores que salían a pasear su perro.

Me sonaba a resignada obligación hogareña o peor aún, un pretexto para respirar aire libre. La bolsita plástica en sus manos me parecía patética pero lo que más me generaba sonrisita interior era el diminuto tamaño de los perros, lo cual lo hacía más lamentable: esos tipos que se las daban de tarzanes, hoscos y desafiantes, sacando unos ‘tacita de té’, que le harían perder hormonas hasta a Marilyn Monroe.

Seguramente porque mi generación siguió a Rin Tin Tin , pastor alemán, y a Lassie, pastor collie, creí que si nos tocaba perro, los hombres deberíamos andar con algo similar. Le aposté entonces que cada señor debería andar con un can que se le pareciera.

Angelino siempre lo imaginé con un bulldog; Rodrigo Guerrero con un bóxer; Alfonso Ocampo Gaviria con un galgo; Maurice Armitage con un doberman, grande, sensible y bravo y así sucesivamente; no sigo porque Paz Animal me puede decir que perjudico los canes.

Pero como a quien no quiere caldo… mi hijo trajo a nuestra casa a Joaco, el más diminuto de un parto de perros de pequeña raza. Cada prejuicio al respecto se ha ido desboronando.

Fue duro hacer parte de esos señores melancólicos de quienes me burlé por años. Cuando las señoras me preguntaban: “¿Crece?” Yo contestaba pensando en otra cosa más mía, “como no se imagina, mi señora”, hasta que caía en cuenta que me preguntaban por el diminuto Joaco.

La semana pasada me lo llevé hasta una heladería y ante la imposibilidad de entrar con mascota, se vengó inaugurando en el andén una réplica digestiva de la Isla de Pascua. Cuando me agaché a recogerla, salió un amor platónico de esos que todos tenemos, y jamás podré olvidar como su bello rostro se desfiguró mirando el reguero de Joaco. Tuve que decidir y me solidaricé con Joaco. Como lo hice cuando un coreano se bajó de mi carro lleno de pelos blancos y me dijo que en su próximo viaje me traería algo para la caída del pelo. Una vez más cubrí a Joaco y entendí que en la casa tenemos un nuevo miembro, que pequeño y diferente, es uno más de los míos.

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