La agonía de los sueños

La agonía de los sueños

Junio 02, 2017 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

En la asamblea de Asobancaria hizo una magnífica intervención el Premio Nobel de Economía Sir Angus Deaton. El tema: los desafíos de la política económica y social. Comparó a Colombia con muchos países de varios continentes. Fue muy interesante la analogía entre Corea del Sur y nuestra Nación desde hace 30 años, para apreciar que si bien es cierto el país asiático nos cogió gran ventaja, los avances de Colombia son evidentes y nuestra situación es sustancialmente mejor que muchas naciones de su set competitivo. Me coincidió esta conferencia con una preocupación que me ronda hace varios meses: ¿Por qué mirar la vida desde el gris y no desde el prisma multicolor se nos volvió cotidiano? ¿Por qué le ponemos tantos obstáculos a alcanzar los sueños colectivos?

Doy varios ejemplos: soñamos con tener en Cali un alcalde trabajador, honesto, comprometido, con experiencia gerencial. Lo logramos, pero no le damos el voto de confianza, ni el respaldo que requiere. Es cierto que como todos, no es perfecto. Es impulsivo, demasiado emotivo; hay casos que como el de Armando Garrido Otoya, se precipitó al enjuiciamiento de un hombre que yo creo honesto, con equivocaciones seguramente, pero honrado. A pesar de eso Maurice Armitage merece nuestro acompañamiento y la fe para que los retos de la ciudad sean enfrentados adecuadamente.

Soñamos con que Colombia pudiera ser la gran revelación de atracción de inversión extranjera y meca del turismo, cuando la guerrilla silenciara sus fusiles y su sevicia. Hoy, cuando esa posibilidad se acerca, estamos haciendo hasta lo imposible para ese escenario de pacificación no se dé. Cada uno quiere un modelo de justicia ideal, pero usualmente lejanos de la realidad.

Nos castigábamos por la ausencia de dirigentes vallecaucanos que quisieran aspirar a la presidencia del país. Hoy tenemos tres, muy diversos, y yo que trabajo recorriendo el país, con tristeza reconozco que en ninguna parte veo tanto menosprecio y sentido de la ridiculización por ellos, como en nuestro Valle. ¿Podremos ser felices castrando en tantos frentes nuestra capacidad de soñar y alcanzar los sueños?

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