El Papa y los pecados capitales

El Papa y los pecados capitales

Septiembre 01, 2017 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Francisco le dijo al grupo con evidente preocupación: “Tengo interés en ir a un país que encarne en su comportamiento colectivo Los Siete Pecados Capitales e incumpla las virtudes que se anteponen a cada yerro”. Los cardenales, viajados y estudiosos, llevaron muchos nombres de países y fueron descartando uno a uno porque alguna de las perversiones no eran cometidas. Agotados, uno de los prelados gritó: “¡Encontré uno! ¡Cumple con todas las violaciones!”. “Sustentalo, ché”, le ordenó Francisco y el purpurado dijo:

“Soberbia: es un país de muchos pavos reales de feas patas y graznido atroz. La humildad es escasa sobre todo en los periodistas deportivos, los ejecutivos fugaces, los burócratas eternos y las reinas arrugadas.

Avaricia: Hay una competencia inusual por ser cada uno más rico que el otro, así sacrifique su tranquilidad o su buen nombre. Como el tema es de saldo, de activos y de ostentación, la generosidad es mínima.

Lujuria: Un país con demasiados feminicidios pues los hombres se sienten dueños por siempre de las mujeres que pasaron por sus vidas y las matan si no acceden a sus deseos carnales.

Ira: Una Nación impaciente, de reacciones inmediatas, donde se condena con facilidad o se exalta sin méritos. Esto se invierte con la primera furia.

Gula:
En lo material el plato típico es bandeja paisa, homenaje al colesterol; comen pezuña, tripas y hasta hormigas y dicen que las mejores son las del cementerio católico.

Envidia: Un filósofo que montaba bicicleta y tenía nombre de indio americano dijo que allá mueren más de envidia que de infarto. Mucha gente le tenía envidia porque tenía razón. Donde hay envidia no hay caridad para reconocer y desear el bien ajeno.

Pereza: La gente tiene pereza de estudios largos y falsifican diplomas; pereza de trabajar arduamente y se vuelven ‘narcos’ o extorsionistas; pereza de hacer dietas por lo que el mercado de las cirugías plásticas es inmenso; pereza de hacer colas, de respetar los derechos ganados por los demás.”

Francisco levantó las cejas, sorbió lentamente la bombilla de su mate que se había enfriado ante el estupor general por la sustentación del cardenal y ordenó: “¡Quiero estar en Colombia el 6 de septiembre!”.

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