Volvió Juan Carlos

Volvió Juan Carlos

Octubre 05, 2017 - 11:55 p.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Confieso que pensé mucho si escribir esta columna sobre la reaparición en la escena política del Valle del funesto exsenador Juan Carlos Martínez.

Pero al final decidí tocar el tema porque, a pesar de que soy consciente de que puedo estar contribuyendo a revivir un muerto político, la memoria de los vallecaucanos es frágil. Y de pronto, algún incauto le come cuento a las mentiras que Martínez anda diciendo sobre sus líos judiciales.

Como tanto sinvergüenza en este país, a Martínez le dio por victimizarse. Y anda afirmando que él es un damnificado más del Cartel de la Toga.

Ciertamente Martínez fue condenado a 7 años y medio de cárcel por la Corte Suprema de Justicia, por sus nexos con el bloque Calima de las Autodefensas. Como al momento de la condena de Martínez fungía como magistrado de la Corte Leonidas Bustos, acusado de ser la cabeza del ‘Cartel de la Toga’, la mafia que cobraba fuertes sumas para amañar fallos judiciales, esa sentencia, como todas en las que intervino Bustos, está bajo sospecha.

Pero ocurre que esa no es la única sanción judicial que pesa sobre Martínez. En abril del 2014, el exsenador fue encontrado culpable de intentar cometer fraude electoral durante las elecciones atípicas para la Gobernación del Valle del Cauca, en el año 2012.

La Fiscalía demostró que Martínez y los otros sentenciados, entre ellos unos funcionarios de la Registraduría, manipularon y alteraron los resultados electorales. Entre las irregularidades cometidas estaban la adulteración del censo, la compra de jurados y testigos y la instalación de un centro de acopio con equipos de cómputo en un hotel de Cali.

Mejor dicho, Martínez y sus secuaces habían montado una registraduría paralela con la que pretendían alterar la votación para hacer ganar al candidato que él respaldaba.

Ocurre que, esa vez, el que lo condenó no fue la Corte Suprema, porque cuando sucedieron los hechos -en el 2012- Martínez no tenía fuero, sino el Juez Noveno Penal del circuito de Cali, que, de seguro, no tenía los alcances para pertenecer a Cartel alguno.

A lo largo de ese juicio se mencionó, aunque no se comprobó, que el modus operandi que en esa ocasión usó Martínez, ya lo habría utilizado en comicios anteriores. Es decir, que la estrategia de montar una registraduría paralela para hacer ganar a los candidatos que respaldaba no era nueva.

¿Será que eso ocurrió en el 2007, cuando Martínez estaba en la cima de su poder y sus dos protegidos, Jorge Iván Ospina y Juan Carlos Abadía llegaron a la Alcaldía de Cali y a la Gobernación del Valle? Ojalá eso se pueda aclarar algún día.

De todas formas, ese es el personaje que, con semejante prontuario, no tiene empacho en aparecer en una tribuna para respaldar la candidatura de William Rodríguez (¿el bueno?).

Como loro viejo no aprende a hablar, no sería raro que, paralelamente a los personajes que anda seleccionando para llevar al Congreso, entre ellos próceres de la talla del exrector de la Universidad Santiago de Cali, Hebert Celín Navas, Martínez ande reclutando funcionarios en la Registraduría para repetir el operativo que tanto éxito le dio en el pasado. Hasta que lo pillaron.

Lo que queda claro es que de la política nadie se retira. Y que quienes son inhabilitados por la acción de la Justicia siempre hallarán el camino para seguir interviniendo en una actividad que tantas ganancias les dejó.

Sigue en Twitter @dimartillo

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