Uribe trinó destemplado

Uribe trinó destemplado

Julio 20, 2017 - 11:55 p.m. Por: Diego Martínez Lloreda

¿Por qué alguien cercano a Álvaro Uribe firmó la carta con la que un grupo de periodistas condenó el trino en el que el expresidente calificó a Daniel Samper como violador de niños?

Esa pregunta me la han formulado en repetidas ocasiones durante los días anteriores. Y tiene varias respuestas.

Primero, a pesar de que no niego mi cercanía a Uribe y estoy convencido de que él le devolvió la viabilidad a un Estado que era fallido cuando llegó a la Presidencia en el 2002, no creo que él sea infalible. De hecho, he estado en desacuerdo con él en varias ocasiones.

La primera, en su segundo intento de reelección. Estuve convencido entonces, y lo estoy ahora, de que por bueno que sea un gobernante no se puede manosear la Constitución para atornillarlo al cargo.

Otro desencuentro que tuve con el uribismo fue en el plebiscito refrendatorio del Acuerdo. En esa elección voté por el Sí, y no me arrepiento, porque pienso que para el país es muy bueno que 7.000 hombres entreguen sus armas. Y que se dediquen a tratar de hacer su revolución a punta de ideas y no a punta de bala.

En el caso que nos ocupa, a pesar de la admiración que le tengo a Uribe, no puedo cohonestar que use un auditorio de cuatro millones de seguidores para atribuirle a una persona un delito tan grave como la violación de menores.

Por eso firmé la carta, a pesar de no estar de acuerdo con algunos apartes de su contenido. No me gustó por ejemplo que se diera por sentado que “él no está reaccionando en caliente, sino redoblando un comportamiento peligroso e inescrupuloso cargado de intenciones políticas”.

No comparto esa frase porque con ella pasamos del campo de los hechos, que son los que hay que condenar, al terreno de las especulaciones. Nadie sabe si Uribe lanzó su desafortunado ataque en caliente o en frío. Yo espero que lo haya hecho en caliente y que esa temeraria sindicación haya sido producto de una calentura causada por los continuos vainazos que Samper le hace en su columna.

Si fue así, no entiendo por qué Uribe, como lo hizo muchas veces en su gobierno, no admitió el error y aceptó que se le fue la mano. En lugar de eso, trató de justificar su ataque intentando explicar lo inexplicable. Para mí, más grave que el ataque a Samper, fue no haber admitido el error.

Mucho me temo que esa equivocación se origina en que el expresidente no está rodeado de verdaderos amigos sino de una corte de oportunistas que se le pegan con el fin de beneficiarse de los millones de votos que tiene.

Un verdadero amigo no es el que se entierra con uno sino el que evita que lo entierren. Y nadie del entorno de Uribe tiene el valor civil de hacerle ver que se equivocó. Se limitan a aplaudir todo lo que se le ocurra al exmandatario para no poner en riesgo el añorado guiño.

Pero como a mí no me interesan los votos de Uribe, no tengo problema en decirle que mantengo la admiración que le profeso, pero que esta vez se equivocó hasta la médula.

Un personaje admirado, y hasta reverenciado, por millones de colombianos tiene la obligación de dar ejemplo con cada uno de sus actos. Y en esta ocasión Uribe dio dos malos ejemplos: acusó públicamente, y sin tener una sola prueba, de un delito gravísimo a un ‘compatriota’. Y en lugar de admitir el error se empeñó en justificarlo.
Moraleja: Uribe tiene que pensar menos en las próximas elecciones y más en las próximas generaciones.

Sigue en Twitter @dimartillo

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