Un centro estratégico

Junio 14, 2013 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

El cierre de la planta de Michelín en Cali, que deja sin empleo a 254 personas, es, por supuesto, una mala noticia para la economía local. Y es que siempre será malo que se pierdan 254 puestos de trabajo bien remunerados.Pero, por doloroso que sea, este hecho no puede verse como la muestra de que la economía local hace agua. Lo que ha ocurrido de unos años para acá es que Cali ha pasado de ser una ciudad industrial a una de servicios.En los últimos años se fueron Gillette y otras multinacionales, pero llegaron Carrefour, Pricemart y otros grandes almacenes, además de las cadenas hoteleras más importantes del mundo, call centers e importantes centros logísticos. Asimismo, Cali se volvió el segundo centro gastronómico del país, después de Bogotá. Es natural, a una empresa local le queda de para arriba competir con una coreana o una china produciendo llantas. En lo que sí podemos competir es en la organización de eventos que atraigan a la ciudad visitantes que aprovechen esa excelente infraestructura hotelera, comercial y gastronómica que poseemos. En ese empeño es clave el Centro de Eventos Valle del Pacífico, que es el único escenario con el que cuenta el departamento para albergar eventos de gran escala. Desde el punto de vista operativo, el centro ha sido exitoso: en sus seis años de existencia lo han visitado más de dos millones de personas y se han organizado más de 600 eventos. Pero en el plano financiero ha padecido afugias originadas, en mi sentir, en el hecho de que fue construido con el esfuerzo de instituciones locales que no contaban con el músculo financiero suficiente para sacar adelante un proyecto de semejante envergadura. Hasta ahora el aporte de la Nación al centro ha sido exiguo. Lo cual es injusto con el Valle pues la mayoría de los centros de ese tipo en el país han sido financiados en su totalidad, o en gran medida, por el gobierno central. El de Cartagena, que lleva el nombre del presidente que lo impulsó, Julio César Turbay, es el mejor ejemplo de ello.Por esta razón, sería apenas equitativo que la Nación le gire al Centro de Eventos los $20.000 millones que requiere para completar su infraestructura. Este aporte está en riesgo, no por indolencia de la Nación sino --insólitamente-- por esas pequeñas peleas mezquinas en que nos embarcamos los vallecaucanos. No voy a entrar a detallar el litigio que hay entre los miembros del llamado G11 y la Gobernación del departamento, porque ese sería tema de otra columna. Lo que sí debo decir es que me parece ridículo el argumento de quienes se oponen a que la Nación le dé la mano al Centro. Según esos críticos, el Estado no puede darle plata al centro porque es una entidad privada. Lo cual, por demás, es inexacto porque es una institución mixta. Pero más allá de esa discusión jurídica, el Valle del Pacífico, como ya dije, es absolutamente estratégico para el posicionamiento de Cali como el principal destino del país para la realización de grandes eventos. Ello no será posible si el centro no termina de construir su infraestructura, para lo cual son indispensables los $20.000 millones de la Nación.Que cierren empresas como Michelín es una mala noticia. Pero que el Centro de Eventos llegue a fracasar sería una tragedia para Cali y el Valle.

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