Travesuras de Mipichita

Travesuras de Mipichita

Noviembre 02, 2012 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Creía yo que con la ‘quemada’ en las últimas elecciones de Milton Castrillón y de Orlando Chicango, activos integrantes de los ‘Mipichi’, este legendario trío había perdido el control sobre el Concejo Municipal. Pero mis fuentes de alta fidelidad me sacaron del error. Los Mipichi están más vivos que nunca. Y Chicango y Milton, a pesar de ya no estar físicamente allí, mantienen su influencia sobre el Concejo. Sobre todo Milton, quien tiene concejal propio, Harvy Mosquera, un simple ‘correveydile’ del verdadero dueño de los votos que lo llevaron al Cabildo. O sea de Milton.Lejos de acabarse, el mítico trío se reforzó con el presidente del Concejo Fernando Tamayo. Con lo cual, ahora el cuarteto que maneja los hilos del Cabildo se denomina ‘Mipichita’A los que llegan tarde, les recuerdo que Tamayo es el mismo que hace unos años, en una elección de mesa directiva del Concejo, por una misteriosa motivación, a última hora rompió el pacto que existía para elegir presidente a Clementina Vélez y votó por ese prócer de la comarca llamado Juan Carlos Abadía, quien gracias a ese apoyo accedió a la Presidencia del Concejo. En premio a ese, y otros aportes parecidos, el Concejo lo ungió como su presidente para el actual período. Digno sucesor de Abadía, Chicango y demás guacarnacos que han pasado por esa desprestigiada presidencia.Le ha correspondido al actual jefe de ‘Mipichita’ frentear el tira y afloje con una Administración Municipal decidida a no ceder a las tradicionales presiones que el Concejo suele ponerle a los gobiernos para que le aprueben sus iniciativas. Me cuenta mi fuente de alta fidelidad, que la actitud de Tamayo frente a la Administración ha sido bastante ambigua, por no decir hipócrita: en público le jura fidelidad eterna al Alcalde. Pero en privado, es uno de los principales promotores del boicot a los proyectos de la Alcaldía.Pero a Tamayo no sólo le ha tocado lidiar con un gobierno retrechero, sino que ante sus narices se está consumando uno de los más importantes negocios de propiedad raíz que se ha adelantado en la ciudad en los últimos años, sin que al Concejo le den la oportunidad de meter la cucharada.Se trata de la venta de los parqueaderos de la Plaza de Toros a unos empresarios que harán allí un centro comercial. Sucede que como la plaza y su entorno son patrimonio cultural, para desafectarlo no se requiere la aprobación del Concejo local sino del Consejo Nacional de Patrimonio. Pero como no se resigna al papel de espectador de la transacción, Tamayo se atravesó al negocio con el argumento de que el lote no es de la Plaza de Toros sino del Municipio. Ignoro de dónde habrá sacado tal versión, pues la propiedad de ese lote nunca ha estado en duda y todos los títulos existentes indican que su dueño es la Plaza. Me resisto a creer que los ‘peros’ de Tamayo a esa transacción se deban a un interés diferente a la preocupación por los temas de Cali que ha demostrado a lo largo de su carrera política. Ello sería tan temerario como afirmar que su volteada en aquella elección de mesa directiva del Concejo se debió a algo diferente a que estaba convencido de que Abadía era la opción más adecuada para ser Presidente del Concejo.Y lejos de mí, siquiera, llegar a sugerir algo semejante.

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