Sin la paz y con Santrich

Sin la paz y con Santrich

Octubre 19, 2017 - 11:55 p.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Los colombianos nos estamos percatando de que quienes pronosticaron que la implementación de la paz iba a ser mucho más complicada que firmarla, no estaban desenfocados.

Por supuesto que este proceso de implementación va a ser largo y hay que darle tiempo. Pero los síntomas no son buenos.

La sensación que muchos tenemos es que el proceso de paz, hasta el momento, ha sido muy bueno para los jefes de las Farc, que aprovechando la generosidad del Estado, salieron del monte y armaron su partido político. Y ahora, como diría Pardo Llada, azotan las calles de las grandes ciudades, como cualquier colombiano.

Pero para el resto del país no ha sido tan bueno, porque en las zonas que ocuparon históricamente las Farc la violencia y el crimen organizado no han desaparecido. Y esa era, sobre el papel, la gran ganancia del acuerdo.
Ya no se llaman Farc, ahora les dicen disidencias. Pero quienes integran esas bandas son los mismos que antes actuaban a nombre de las Farc. Esas disidencias ya están actuando en las goteras de Cali, en la zona rural de Jamundí. Y en el Cauca en poblaciones como Toribío, que habían tenido un respiro gracias a los acuerdos.

Y se dedican a lo mismo: a cuidar los cultivos ilícitos, a extorsionar y a cometer cuanto crimen puedan. Mejor dicho, pelos de la misma perra.
Como su nombre lo dice, esas disidencias, supuestamente, están conformadas por gente que se les abrió a las Farc y que prefirió regresar a su antigua actividad, en vez de jugársela por la paz. Pero hay indicios de que esas disidencias no son tan disidentes.

El caso que más llama la atención es el de Gentil Duarte. Este personaje fue miembro del Estado Mayor de las Farc durante muchos años y desempeñó un papel fundamental en la negociación de paz de La Habana. Y resulta que de la isla se desplazó directo y sin escalas al sur del país a manejar el frente primero, que se declaró en disidencia.

Resulta muy difícil de creer que una persona tan de las entrañas de las Farc y que durante cuatro años trabajó para sacar adelante los acuerdos, de buenas a primeras se aparte de la organización para dedicarse a manejar por su cuenta el millonario negocio del narcotráfico en las selvas del Guaviare.

Mejor dicho, el proceso de paz está sirviendo para lavar el extenso prontuario de ‘Timochenko’, ‘Márquez’ y compañía, pero el narcotráfico y la violencia siguen viento en popa.

Hasta los mayores defensores de los acuerdos, como los familiares de los diputados del Valle asesinados por las Farc, andan consternados con la posibilidad de que estos personajes puedan llegar al Congreso, sin antes pasar por la Justicia Especial para la Paz.

En efecto, en carta firmada por 57 familiares y dirigida al presidente Santos, los familiares de los diputados dejan en claro que “no nos oponemos a la participación política de las Farc, no obstante quien desee hacerlo debe estar en el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No repetición, haber sido objeto de sanción por parte de la JEP y estar cumpliendo a cabalidad con las penas impuestas”.

La preocupación es válida porque los jefes de las Farc parecen estar muy ocupados en definir cuál de ellos va a apoltronarse en el Congreso y muy poco preocupados por reparar a las víctimas de sus fechorías y por contar la verdad de lo que pasó en el conflicto.

Lo dicho, nos estamos quedando con Santrich y compañía y sin la paz.

Sigue en Twitter @dimartillo

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