Se va, se va Julián

Septiembre 24, 2010 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Admito que me sorprendió la renuncia de Julián Domínguez a la Presidencia de la Cámara de Comercio de Cali, por muy atractiva que sea la Presidencia de Confecámaras, puesto que asumirá próximamente en Bogotá.Y es que la Presidencia de la CCC es sin duda una de las mejores ‘chanfas’ que hay en esta parroquia. No es ni la mejor paga, ni la más prestigiosa, ni la que más poder tiene, ni la que da más vitrina, ni la más estable, ni la que más independencia posee. Pero sí es bien paga, tiene mucho poder, gran estabilidad, es muy independiente y da mucha vitrina. Mejor dicho, el ‘plus’ de ese cargo es que conjuga atributos que muy pocos puestos poseen. Por eso, no es fácil desprenderse de un cargo de ese tipo. A pesar de ello, creo que, al renunciar, Julián tomó una sabia decisión, porque lo peor que puede hacer una persona es eternizarse en un cargo, porque termina creyendo que este le pertenece. Julián ya completaba 12 años al frente de la CCC y tanto para él como para la entidad un cambio resulta positivo. A diferencia de algunos de sus antecesores que se atornillaron y tuvieron que sacarlos a empellones, Julián se va cuando se le dio la gana y para un puesto excelente, desde donde tendrá un espacio nacional que en esta Cali, cada vez más marginada de los centros de poder, no posee.Y, en mi opinión, que admito no es muy objetiva porque él es mi amigo y le tengo gran aprecio, su paso por la CCC deja un excelente balance. Fue un gran catalizador y punto de convergencia para las opiniones más disímiles, lo que en una ciudad tan atomizada como esta, es clave. Fue motor de un sinnúmero de iniciativas útiles para la región, entre las que se destaca el Centro de Eventos Valle del Pacífico, sin duda uno de las obras más importantes realizadas en el Valle en los últimos años, así algunos insistan en ponerle ‘peros’. Lideró, además, múltiples procesos para impulsar el desarrollo de la ciudad, el último de los cuales fue la agencia para la competitividad. Pero, por encima de todo, a lo largo de los 144 meses que estuvo en la CCC, Julián demostró que es un señor. El cargo jamás se le subió a la cabeza, nunca se extralimitó en sus funciones, ni abusó de su poder, ni mucho menos usó la Cámara para favorecer intereses personales. Puedo dar fe de que se va como llegó, con la maleta muy liviana. Sus condiciones humanas las reconocen hasta sus más conspicuos críticos, como Gustavo Álvarez Gardeazábal, quien en su última columna admitió que este buen hijo de Buga, jamás le contestó los mil pullazos que el pendeciero tulueño le lanzó. No me cabe duda que a Julián lo esperan en Bogotá muchos éxitos. Lo que, por supuesto, me alegra. Pero la amistad siempre es egoísta y por eso reconozco que lo voy a extrañar, sobre todo en esos paliques en los que podía zafarse del acartonamiento, que puestos como el que él ejercía imponen, y cantaba, perpetraba uno que otro verso e, indefectiblemente, raspaba fiesta.No soy muy bueno para la lisonja y el halago, y en muy pocas ocasiones utilizo este espacio para ponderar a alguien. Pero destacar la gestión de Julián Domínguez en la Cámara de Comercio y agradecerle por lo que hizo por este terruño me parece un acto de elemental justicia.

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