¿Se pifiaron las Farc?

¿Se pifiaron las Farc?

Noviembre 09, 2017 - 11:55 p.m. Por: Diego Martínez Lloreda

“Los jefes de la guerrilla cometieron el gravísimo error político de mantener el nombre de las Farc para su partido político”.

En principio le di toda la razón a esa afirmación que hizo Juan Manuel Santos. Y es que resulta difícil calificar de otra manera la decisión de ponerle la marca más desprestigiada y odiada del país a un partido político. Es como montar una fábrica de carros y bautizarla Tavria o Warbur.

Una torpeza mayor me pareció poner a encabezar la lista del Senado a personajes tan impopulares y detestados como ‘Iván Márquez’, ‘Pablo Catatumbo’ o ‘Carlos Antonio Lozada’. E incluir en la lista a la Cámara al impotable ‘Jesús Santrich’. Peor aún me pareció que como candidato presidencial escogieran a ‘Timochenko’.

Pero ya con cabeza fría, y después de mucho meditarlo, concluí que los equivocados éramos el Presidente, otra vez, y yo. Las Farc no cometen ningún error. Ellos tienen garantizadas diez curules en el próximo Congreso y saben que ‘Timochenko’ no tiene la menor opción de llegar a la Presidencia en el 2018.

Esos candidatos no fueron escogidos pensando en la gran masa de electores sino en su gente. Quieren contarse. Y quieren hacerlo de la forma más cruda. Con su antiguo nombre y con sus antiguos jefes. El propósito de las Farc es determinar con qué base cuentan para comenzar el camino que ellos aspiran los lleve al poder.

Las Farc son el primer partido en Colombia que piensa a largo plazo, están construyendo un proyecto político que los ponga a manejar el país en ocho o doce años. En eso le llevan una gran ventaja al resto de las colectividades que más que partidos son empresas electorales y que, si acaso, trabajan para los siguientes comicios.

Los tiempos de las Farc son diferentes a los del resto del país. Así fue cuando estaban en el monte. Y así es ahora que se metieron a la política. Las Farc tienen claro el odio que hoy les profesa la mayoría de los colombianos. Y entienden que deben dejar pasar una generación para alcanzar el poder.

Pero también conocen nuestra idiosincrasia. Saben que nuestra memoria es frágil y que en una década las heridas habrán cicatrizado. Y que los niños citadinos de hoy, que no padecieron la guerra, serán votantes de mañana. Conquistar ese electorado es su meta.

Para ello necesitan que sus rivales, o sea la clase política tradicional, gobierne, al menos en los siguientes ocho años. Los farianos confían en que esos políticos repitan los errores que han cometido hasta ahora para que la gente se hastíe de la corrupción, del clientelismo, del nepotismo y de la mediocridad que los caracteriza.

Desde el Congreso asumirán el papel de denunciar todos esos flagelos. Con lo cual, poco a poco, su pasado guerrillero quedará enterrado y su rol como políticos se aprestigiará. Exactamente como hizo en su momento Gustavo Petro. Hasta que le dio por asumir un cargo para el cual no se preparó.

Las Farc no tienen afán. Y tranquilos, ‘Timochenko’ nunca será presidente. Porque otra cosa que sucederá es que, poco a poco, los jefes de hoy serán reemplazados por personas que generen menos rechazo.

Pero no se fresqueen tanto. Porque las Farc tienen claro que llegar al poder les costará, pero una vez lo consigan no lo soltarán nunca. Tal cual le aprendieron a sus hermanos chavistas.

Esa es la estrategia de las Farc para adueñarse del poder. ¿Y la nuestra para evitarlo?

Sigue en Twitter @dimartillo

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