Se necesitan muchos wikileaks

Diciembre 03, 2010 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

La actitud que ha asumido Hillary Clinton, y las autoridades estadounidenses en general, frente al escándalo que desataron las revelaciones hechas por el portal de internet Wikileaks, me acuerda la que adoptaba Roberto, un viejo amigo de la juventud, cada vez que la embarraba. La filosofía de ese amigo era simple: no hay mejor defensa que un buen ataque. Por ejemplo, una vez sacamos el carro de la mamá de Roberto sin permiso y a la cuadra de salir de la casa, casi nos estrellamos de frente con sus padres. Roberto se bajó del carro, furioso, y los increpó porque venían “a toda y por la mitad de la calle”.De ese grado de cinismo es la actitud que han asumido la encargada de la diplomacia estadounidense y sus compañeros de gobierno. En vez de renunciar o al menos presentar disculpas por las barbaridades que han cometido, y que salieron a la luz pública gracias a Wikileaks, resulta que doña Hillary y compañía han montado en cólera por el ‘crimen’ cometido por ese portal. Mejor dicho, les salimos a deber y los que les vamos a tener que pedir disculpas al gobierno gringo somos nosotros, por habernos dejado espiar de ellos. De una forma muy hábil, doña Hillary ha pretendido desviar el foco de la discusión para que la gente no hable de los atropellos cometidos por el Departamento de Estado, sino de la supuesta gravedad que para la seguridad de Estados Unidos implica que esas cosas se hayan sabido. Y lo peor es que muchos han mordido ese anzuelo. Entre ellos, varios periodistas.Los periodistas debemos estar felices porque toda esa porquería salga a la luz pública. Y defender a muerte el principio de que lo grave no es que se conozcan las vagabunderías, sino que se cometan. Y si ocurren, deben conocerse. Yo estoy convencido de que Julian Assange, creador de Wikileaks, le ha prestado un gran servicio a la humanidad al develar todos los excesos cometidos en el mundo por el gobierno de Obama, con la disculpa de defender la seguridad nacional. Y en lugar de perseguirlo judicialmente, debían darle el premio Pullitzer. Con excusas como defender la seguridad nacional, los gobiernos suelen cometer los peores excesos. Sin ir más lejos, esa es la justificación que dan buena parte de los implicados en el escándalo de las chuzadas, para haber cometido el más atroz de los atropellos del que se haya tenido noticia en la historia reciente de nuestro país. Celebro la existencia de Wikileaks y ojalá hubiera miles de portales como ese, que se dedicaran a sacar a la luz pública todos los abusos que cometen los gobiernos y que luego pretenden justificar con un patrioterismo cínico.A los funcionarios públicos les puede parecer muy normal que un gobierno espíe a sus presuntos enemigos. Y hasta a sus amigos. Pero los periodistas no podemos tolerar, por ninguna razón, que un Estado viole la privacidad de las personas.Un consejo, que alguna vez me dio Rodrigo Lloreda, cae como anillo al dedo en este caso: no haga en privado nada que después deba negar en público. Eso se llama transparencia. Y esa cualidad es lo mínimo que los periodistas, y todos los ciudadanos, debemos exigir a los gobernantes.

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