Sapos de última hora

Sapos de última hora

Agosto 26, 2016 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

El anuncio del cierre de la negociación de paz estuvo adornado con toda clase de frases grandielocuentes en las que Humberto De La Calle hizo gala de su talante grecocaldense.Lo más destacable de esa avalancha retórica fue el cambio de tono en el discurso de Iván Márquez. La actitud que mostró el miércoles dista mucho de la agresividad y el resentimiento que exhibió en Oslo, hace cuatro años, cuando iniciaron las negociaciones. Parecería que el primer efecto de estos acuerdos de paz es que Márquez, y los demás jefes de las Farc, al fin comenzaron a desarmar sus espíritus.La noticia, o mejor, los sapos que los colombianos que queremos la paz deberemos tragarnos, quedaron sepultados por ese alud retórico. Y es que el acelerador que el Gobierno le metió a la negociación, para lograr que el plebiscito pudiera realizarse antes de la presentación de la reforma tributaria, sin duda tendrá un costo: las concesiones, en algunos casos excesivas, que se le hicieron a la guerrilla.Comenzando por las curules que podrán llegar a tener en el Congreso. Sé de buena fuente que el Gobierno defendió a capa y espada la propuesta de que a las Farc se les garantizaran en el Senado cinco curules. Pero que en la Cámara se las tuvieran que ganar. La idea era que se crearan 16 circunscripciones electorales, en igual número de zonas golpeadas por el conflicto. En las que las Farc han tenido una presencia histórica y, por ende, tienen buenas posibilidades de ganar. Pero las Farc se rancharon en que también tenían que garantizarles escaños en la Cámara. Y al final los negociadores ‘Ad hoc’ del gobierno, Roy, Cristo y compañía, presos del afán que es tan mal consejero, terminaron concediéndoles ambas cosas: curules y circunscripciones especiales. Con lo cual, la guerrilla podría sumar hasta 26 congresistas: los diez que les darán a dedo, así quieran maquillar ese término, y los 16 de las circunscripciones especiales. Respetable minoría lograda a un bajísimo costo.También me parece demasiado el dinero que le darán a cada guerrillero que se desmovilice: dos millones de pesos cuando entregue el fúsil, el 90% de un salario mínimo, o sea unos $600.000, durante dos años. Y ocho millones de pesos para quienes se junten a formar una empresa asociativa.Lo de los $600.000 me parecía bien, equivale a lo que le entrega el Estado a cada desmovilizado. El resto es excesivo y da argumentos a aquellos que pregonan que, con el trato que les está dando a las Farc, el gobierno está mandando el mensaje de que ser pillo paga.Otro sapo que a muchos le costará tragarse es que se haya acordado que cualquier miembro de las Farc, así esté acusado de delitos de lesa humanidad, pueda participar en política. Lo que implica que Timochenko, Romaña o el Paisa podrían terminar en el Senado.A mí este tema no me desvela pues no creo que las Farc sean tan miopes de poner de estandartes políticos a unos personajes que el 99% de los colombianos abomina. Y, además, porque estoy convencido de que a ninguno de ellos le interesa desgastarse en una actividad tan azarosa como esa. Ellos en lo que están pensando es en el retiro dorado que tendrán, con los bolsillos llenos y sin que la justicia los persiga.En fin, sigo firme en mi decisión de votar el Sí, pero tocará ingerir una dosis extra de Bonfiest para digerir los sapos que el gobierno nos metió, en su desespero por evitar que el plebiscito se choque con la reforma tributaria.Sigue en Twitter @dimartillo

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