Santos no es maduro

Agosto 28, 2015 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Leopoldo López, el líder opositor, lleva año y medio preso; en los estantes de los supermercados de Caracas los productos básicos siguen escaseando; la inflación venezolana es la más alta de Latinoamérica; Caracas es una de las ciudades más peligrosas del mundo... Todas esas cosas, y muchas más, siguen ocurriendo en el vecino país. Pero nadie volvió a referirse a ellas. Ahora, a ambos lados de la frontera, solo se habla del cierre de la misma y de la expulsión de miles de colombianos que vivían hace décadas en poblaciones como Ureña y San Antonio del Táchira.Con lo cual, por muy bruto y primario que nos parezca Nicolás Maduro, hay que admitir que, en esta ocasión se está saliendo con la suya. Y que la vieja estrategia de buscar pleitos en las fronteras para tener paz en el interior del país, le está resultando. Estrategia a la que recurren todos los presidentes venezolanos, los buenos y los malos, cada que tienen una crisis interna y requieren que la gente voltee a mirar a otro lado.Si Maduro ganó este ‘round’ mediático y de opinión pública el que lo perdió, y por K.O, fue el presidente colombiano Juan Manuel Santos. La reacción de su gobierno frente a semejante agresión al pueblo colombiano ha sido tardía, desenfocada y débil. Santos demoró una semana en aparecer en la zona fronteriza. Y cuando por fin acudió, lanzó desde allá unas declaraciones que parecían estar dirigidas a un grupo de damnificados de un desastre natural y no a las víctimas de un atropello aleve de un gobierno, supuestamente amigo.Santos se limitó a efectuar un inventario de las ayudas que les va a dar a los ‘damnificados’ y fue incapaz de condenar con nombre propio los desmanes de Maduro. Solo repitió que no es el momento de “hacer sonar las trompetas de la guerra”, recalcando que esta crisis hay que manejarla con prudencia y por los canales diplomáticos.¡Por favor! nadie pide que bombardeemos el Palacio de Miraflores. Lo que exigimos es que se use el camino diplomático para hacerle saber a Maduro la indignación que nos produce a los colombianos la agresión contra unos compatriotas humildes e inermes.Finalmente, y de seguro agobiado por la ola de furia que atraviesa el país, ayer Santos se animó a llamar a consultas al embajador en Caracas. Otra tardía decisión que no alcanza a ocultar la debilidad de la reacción del gobierno colombiano frente a semejante agresión. Ha quedado evidente el pánico que le produce al mandatario colombiano las consecuencias que una actitud más firme pueda tener sobre su gran apuesta de Gobierno: el proceso de paz. Porque no podemos olvidar que el gobierno venezolano ha sido el gran facilitador del proceso y, sobre todo, que Venezuela hospeda hace rato a ‘Timoshenko’, gran ‘capo’ de las Farc. Lo que teme Santos es que si él aprieta mucho a Maduro, de pronto Maduro aprieta a ‘Timoshenko’ y se pone en aprietos el proceso.Contrasta la actitud pusilánime de Santos con la valiente y firme del expresidente César Gaviria que sí le cantó la tabla a Maduro y a sus secuaces. Lo cierto es que a Santos le puede terminar pasando lo que le ocurre a la señora que no se queja porque el marido le pega: que le sigan pegando hasta que le termine gustando que lo puñeteen. Lo grave es que esa ‘señora’ es el Presidente de Colombia. Y que cuando la agreden a ‘ella’, nos cascan a todos los colombianos.

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