Santos gana, ¿y Colombia?

Septiembre 25, 2015 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Que haber llegado a un acuerdo sobre justicia en La Habana constituye un triunfo para Juan Manuel Santos es incuestionable. Que lo sea para Colombia, está por verse.Santos, como buen jugador de Póquer que es, le apostó todo a la carta de la paz y hay que reconocer que se está saliendo con la suya, pues si no pasa nada raro, en marzo próximo se firmará el acuerdo con las Farc.Al Presidente se le critica la falta de consistencia con la que actúa frente a algunos temas. Y los bandazos que da. Pero en el asunto de la paz no ha titubeado, ni aún en los momentos críticos que ha vivido el proceso. El hombre está a punto de pasar a la historia como el Presidente que puso fin al conflicto más largo que ha padecido este país conflictivo. Y si concreta ese acuerdo se convertirá en un firme candidato al Nobel de la paz. No es un chiste. Personajes con méritos mucho más dudosos lo han recibido. Como Teddy Roosvelt, a quien se lo dieron un par de años después de que nos arrebatara Panamá. Pero que ese acuerdo sea bueno para Santos no quiere decir que sea bueno para Colombia. Lo que se firmó en materia de justicia es muy abstracto, por no decir ambiguo, y de la forma en que se concrete dependerá que haya o no impunidad frente a los crímenes que las Farc han cometido en estos 50 años.Una rendija por la que se puede colar la impunidad está en el punto 4 del acuerdo anunciado el jueves, que dice que el “Estado colombiano otorgará la amnistía más amplia posible por delitos políticos y conexos”.Hace meses, personas cercanas al Gobierno viene aclimatando la idea de que en las condiciones de nuestro conflicto, el narcotráfico puede considerarse como conexo al delito político. Ya sabemos por qué: para que esa amnistía cobije a los capos que manejan ese lucrativo negocio para las Farc. Lo cual sería un despropósito que equivaldría a que el Estado hubiera amnistiado a Pablo Escobar.Asimismo, el concepto de “restricción de libertades” del que habla el acuerdo da para todo. Hasta para que le den el país por cárcel a ‘Timochenko’ y compañía. Lo cual sería otro exabrupto. Se entiende que no se podía convencer a las Farc de que dejaran las armas con la perspectiva de que pagaran 30 años de cárcel. Pero si les van a imponer una sanción de ocho años, tiene que ser una pena de verdad. Pero lo que más me preocupa es el concepto de que las Farc dejarán, y no entregarán, las armas. No es un simple problema semántico. En un proceso de paz los símbolos son fundamentales. Y para comenzar a cerrar las heridas de un conflicto tan largo es fundamental que la guerrilla ENTREGUE las armas al Estado al que se está acogiendo. Al Estado, no al Gobierno. Se las pueden entregar a la Corte Suprema de Justicia, o a la Fiscalía o cualquier institución que le inspirara confianza.El mensaje que transmiten si no entregan el instrumento con el que han causado tanto dolor es que no renuncian a la violencia definitivamente. Y que tienen dudas de su incorporación a la vida civil. Con lo cual, mejor dejan las armas a buen recaudo, por si les toca volver a usarlas algún día.Es entendible que los colombianos, que están hastiados de la violencia, tras tanto tiempo de padecerla, celebren lo pactado el jueves y el anuncio de que en seis meses se firmará el acuerdo final.Pero parece prudente esperar a ver cómo se resuelven esos ‘pendientes’ para echar las campanas al vuelo.

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