Santos Chamberlain

Mayo 25, 2012 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Cinco días han pasado desde que las Farc atacaron a un puñado de soldados en la frontera con Venezuela. El ataque, según todos los indicios, fue perpetrado por un grupo de guerrilleros que provino de territorio venezolano y regresó a él, tras masacrar a nuestros militares. De los agresores, a pesar de los golpes de pecho del ‘nuevo mejor amigo’ de Juan Manuel Santos, no se ha sabido nada. Ni se sabrá.Y es que a pesar de las palmaditas en la espalda de Chávez a Santos, Venezuela sigue siendo un seguro sitio de refugio para las Farc. Es natural, pues existen muchas más coincidencias entre esa guerrilla y el régimen chavista que entre este y el gobierno de Santos.La amistad, como el amor, se demuestra con hechos, no con palabras que se lleva el viento. Y hasta el momento Chávez no ha tenido el más mínimo gesto de amistad verdadera con Santos. Ni lo tendrá. Aparte, claro, de unas frases vacuas.Mucha gente en este país sin memoria se puso feliz cuando Santos resolvió convertirse en el nuevo mejor amigo de Chávez. Y llovieron las críticas por la actitud ‘hostil’ que asumió Álvaro Uribe frente al gobierno del vecino país. Como si esta se debiera a que Chávez le caía gordo a Uribe. Olvidan esos críticos desmemoriados que el expresidente hizo lo imposible por acercarse a Chávez. Incluso lo nombró en una comisión mediadora para el intercambio humanitario. Y él sátrapa venezolano le devolvió ese gesto con una puñalada por la espalda.No se equivoquen. Si las relaciones entre Colombia y Venezuela se deterioraron durante el gobierno de Uribe, fue porque el expresidente se cansó del cinismo de Chávez y de su descarado apoyo al peor enemigo de la democracia colombiana.Pero llegó Santos y creyó, vaya ingenuidad, que haciéndose el loco frente a la complicidad de Chávez con las Farc, el coronel iba terminar cambiando de amigos. La cosa no es tan fácil. Chávez tiene claro que amistades le interesa, y le conviene, tener de este lado de la frontera.Me extraña que Santos, que vivió tanto tiempo en Inglaterra, haya olvidado la lección que dejó lo ocurrido al primer ministro británico Neville Chamberlain, quien en los años previos a la segunda guerra mundial y ante la actitud hostil de Adolfo Hitler resolvió convertirse en su ‘mejor amigo’ y hacerse el de la vista gorda frente a los preparativos bélicos del Führer.Gracias a la ingenuidad de Chamberlain, la invasión nazi a Polonia, que terminó desatando el conflicto global, cogió con los pantalones abajo a los ingleses. Exactamente como tomó a nuestras Fuerzas Militares el golpe del pasado lunes, en la frontera colombo-venezolana. Moraleja: Yo no puedo ser amigo de alguien que protege en sus predios a mi peor enemigo. El amigo de mi enemigo es mi enemigo. Eso no es ser belicista, eso es ser realista. El apaciguamiento frente al enemigo a corto plazo produce alivio. Pero a la larga genera un problema mucho mayor. Porque el hecho de que uno se quede quieto, no implica que el enemigo haga lo propio. Y así como Chamberlain casi entrega el imperio Británico al Tercer Reich, actitudes como la que Santos ha asumido frente al ‘führer’ Chávez, lejos de ayudar a solucionar el conflicto interno, terminarán por agravarlo.

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