Salió caro ese orgullo

Julio 29, 2011 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

El alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, anda por estos días como un bimbo mostrándole a todo el que puede lo lindo que quedó --o está quedando-- el estadio Pascual Guerrero.Y aunque no he tenido el placer de constatarlo en persona, parece que el escenario sanfernandino, en efecto, quedó espléndido. Lástima que los caleños a estas alturas ignoremos si esa esplendidez vale los $83 mil millones que se pagaron por ella.Ese ‘detalle’ no está claro por que la obra no fue adjudicada como debió hacerse, a través de una licitación pública en la que diferentes empresas tuvieran la oportunidad de ofrecer la obra más adecuada, al mejor precio.Un mal síntoma de lo que pudo haber ocurrido con el dineral que se invirtió en el estadio es lo sucedido con la pantalla electrónica adquirida para el escenario deportivo. En efecto, de acuerdo con una acción popular instaurada por la Procuraduría General de la Nación en contra del Fondo Mixto para el Deporte, entidad encargada de ejecutar las obras, por esa pantalla pudo haberse pagado diez veces el valor de lo que le costó al proveedor.Según los documentos acopiados por la Procuraduría, por ese aparato se habrían pagado unos $1.600 millones, mientras que, de acuerdo con la declaración de importación de la Dian, al proveedor la pantalla le costó $176 millones.¿Quién nos garantiza que con la silletería, con las lonas que recubrirán el estadio, con los ascensores y con el resto de insumos que se adquirieron para el estadio no ocurrió algo similar?La preocupación no nace de que uno sea malicioso, como sugiere el Alcalde, sino de que la obra se adjudicó a dedo sin que mediara licitación y por lo tanto no se le dio la oportunidad a diferentes empresas de que presentaran sus ofertas para así poder escoger la más económica y la que más le convenía al Municipio.Para explicar lo ocurrido con esta obra cae como anillo al dedo una advertencia hecha en días pasados por el auditor general de la Nación, Jaime Ardila, sobre el inusitado incremento de contratos suscritos por diversas gobernaciones y alcaldías del país con fundaciones, asociaciones y corporaciones --como el Fondo Mixto--. “Cuando se contrata con estas entidades --dice el Auditor-- se pasa por alto el proceso de licitación o de concurso. Todo se hace a dedo y no se pueden comparar las ofertas de varios proveedores y escoger la mejor”.Todo indica que los gobernantes locales y regionales encontraron en los llamados convenios interadministrativos o de asociación un atajo para eludir las licitaciones. Al punto de que, según el propio Auditor, por esa vía se han suscrito contratos en todo el país por la friolera de $4,4 billones.Uno de los mandatarios más aficionados a esos convenios parece ser Ospina, que con esa modalidad ha hecho contratos por más de $350.000 millones. El del estadio no es el único, pero sí el más notorio.Los árboles no deben impedir que veamos el bosque. Así que por muy orgullosos que los caleños quedemos con el nuevo Pascual Guerrero, debemos exigirle a los órganos de control que establezcan si lo que pagamos por esa obra fue lo justo o si, como muchos tememos, ese ‘orgullo’ nos va a salir muy caro.

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