Relajo al galope

Enero 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

“El Alcalde va a acabar la cabalgata”.Ese fue el rumor que circuló, el lunes pasado, por toda la ciudad. Como conozco a Rodrigo Guerrero, no le di mayor crédito a esa versión. Sé que el no es un politiquero que toma medidas efectistas para complacer a la galería sino un académico que le gusta llenarse de razones para decidir. Y así ocurrió. En la rueda de prensa que dio ese día, el Alcalde anunció un profundo análisis sobre el certamen, con el fin de tomar la decisión más acertada. Con el ánimo de contribuir a ese análisis, me voy a permitir darle al Mandatario algunas razones para que acabe con ese evento, de una vez por todas. Para comenzar, la cabalgata es un evento intrínsecamente riesgoso para el orden público y para la seguridad de los caballistas y de los espectadores. Como lo demostró el accidente sufrido por Paola Salazar, la bella madre de 34 años que perdió la vida luego de que el caballo que montaba perdió el control y la arrojó al piso, causándole un trauma cerebral severo.Aún no está claro qué puso nervioso al jamelgo, si el flash de una cámara fotográfica, la espuma que le arrojó la gente o algún borracho que le jaló la cola. Y es que en medio del tumulto de la cabalgata cualquier cosa puede alterar al animal y causar una tragedia como la que le costó la vida a Paola. Esa es la mayor razón para acabar con ese despropósito equino. Y es que para una ciudad de dos millones y medio de habitantes, con los niveles de intolerancia que existen en Cali, la cabalgata es una verdadera bomba de tiempo. Pero además, esa exhibición ampulosa de ejemplares de dos y de cuatro patas, que se ve en la cabalgata, es un rezago de la cultura traqueta de los años 80 y 90 que Cali tiene que superar definitivamente. Para no hablar del maltrato que sufren los equinos por cuenta de los excesos de jinetes y expectadores. No faltará quien, con argumentos similares, proponga acabar las corridas de toros. Ese debate también se puede dar, pero son dos espectáculos muy diferentes. Las corridas se desarrollan en un recinto cerrado y en ellas los únicos que corren riesgos, además de las reses, son los toreros y sus cuadrillas, quienes están entrenados para enfrentar a esos animales. Y, por demás, están en total uso de sus sentidos. Mejor dicho, la de los toros es una controversia cultural, mientras que la cabalgata es un problema de ciudad. Para los amantes de los equinos se podría organizar una exhibición similar, en un recinto cerrado, donde se pueda apreciar la belleza de esos animales de forma civilizada.Pero, pensando en la Feria, lo que deben hacer las autoridades caleñas es potencializar el salsódromo, que es un evento único y que tiene mucha más cuerda de la que se le ha dado. Se podría, por ejemplo, hacer dos tardes de salsódromo, dándole a las diferentes escuelas más tiempo para presentarse. O hacer un salsódromo nocturno. Lo cierto es que la Feria debe articularse dentro del cluster de salsa que se quiere desarrollar para que Cali sea la capital mundial de ese ritmo, como Buenos Aires es la del tango.Y a la cabalgata que es un evento anodino y peligroso que se hace en cuanta feria se desarrolla en el país y que tiene más de relajo que de espectáculo, démosle equina sepultura.

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