¡Qué falta hace Klim!

Enero 17, 2014 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Añoro los tiempos en los que a los gobernantes no los noqueaban los fallos de la Procuraduría sino que los ponían contra las cuerdas las plumas de los columnistas. Y pocas plumas tan afiladas ha habido en este país como la de Lucas Caballero Calderón, Klim.¡Cómo nos hace de falta Klim! Los estropicios cometidos por Gustavo Petro como alcalde, y los que ha perpetrado para eludir su destitución, habrían sido un banquete para su pluma implacable. Imagino la ‘chapa’ que le habría adjudicado al monigote que funge como magistrado del Tribunal de Cundinamarca y que sin el menor rubor, a pesar de que su esposa es empleada de Petro, ordenó suspender la sanción de la Procuraduría. ¿Compañero togado?¿El magistrado petreo? Y es que si en algo era maestro Klim era en ponerle apodos a sus ‘víctimas’. Como dice Juan Esteban Constaín en el prólogo de la compilación de columnas, que se hizo con motivo del centenario del periodista (nació en 1913 y murió en 1981), “los beneficiarios o las víctimas de tales motes terminaban mejor reflejados en ellos que en su propio nombre”. ‘El compañero Primo’ (Alfonso López Michelsen, Harmano Gulito (Julio César Turbay), Stay Free (Jorge Mario Eastman), mi general Muñoz Duque (el cardenal Anibal Muñoz Duque) fueron algunos de los remoquetes más certeros que puso Klim. Pero, más que un ‘apodólogo’ o un mamador de gallo, Klim era un agudo analista que utilizaba el humor para ponerle picante a sus denuncias. Un poco a la manera de lo que hace Daniel Samper Ospina hoy. Pero con más elegancia y mayor profundidad.Eran tan letales sus escritos que estuvieron a punto de causar un golpe de Estado. Eso, al menos, fue lo que argumentó Hernando Santos, director de El Tiempo, donde Caballero Calderón escribía, para solicitarle que morigerara sus críticas contra el presidente López Michelsen. Obviamente Klim rechazó semejante impertinencia y renunció a El Tiempo. “Espero que no se produzca el golpe militar que ustedes temen, aunque a mi juicio a esas decisiones de fuerza sólo se llega cuando los gobiernos se corrompen y la prensa, por interés o por cobardía, se hace su cómplice”, afirmó Klim en su magistral carta de renuncia. Con golpe o sin él, Klim puso a tambalear a López, al denunciar un turbio negocio que involucró a una sociedad de la que hacían parte dos hijos del Mandatario --Juan Manuel y Felipe, actual propietario de la revista Semana-- mediante el cual tal sociedad adquirió un predio en los Llanos por valor de $5 millones y vendió, a los pocos meses, por $400 millones.Semejante plusvalía fue posible gracias a que al frente del predio adquirido por ‘los hijos del Ejecutivo’ se construyó, con plata del Estado por supuesto, la carretera alterna al llano.Ese escándalo, destapado por doña Bertha Hernández en sus mortíferos Tábanos, pero que el país conoció gracias a la leidísima columna de Klim, le valió una investigación al Presidente en el Congreso. Al final, obviamente, López fue absuelto. Pero su imagen quedó irremediablamente minada por obra y gracia de esa pluma incisiva. ¡Cuánto bien nos harían en estos tiempos de Petros, Samueles, Abadías, Roys y compañía las denuncias de Klim! Lo dicho. Qué falta nos hace.

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