Prisionero de la paz

Prisionero de la paz

Febrero 01, 2013 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Las acciones cometidas por las Farc en los últimos días, como el secuestro de los dos policías en el Valle ocurrida hace una semana, no tienen por qué poner en jaque el proceso de paz.Por la sencilla razón de que desde el principio se acordó que la negociación se iba a hacer en medio del conflicto y que no iba a haber cese al fuego. Y así como la guerrilla no amenazó con levantarse de la mesa cuando les dieron de baja una decena de guerrilleros en el Chocó, el Gobierno no puede enfurecerse porque la guerrilla sigue en lo suyo que es el secuestro y el terrorismo. En lo personal, pues, no me preocupa que las Farc mantengan su accionar. Eso era previsible. Lo que sí me inquieta es que en esta negociación esa guerrilla tenga la sartén por el mango. Me explico. Cuando se negocia la venta de una casa y el dueño de la misma tiene prisa por vender porque necesita la plata, lleva las de perder, porque el comprador, que no tiene afán, termina imponiendo el precio que le conviene.Eso está pasando en el proceso de paz. En este caso, el ‘vendedor’, que es el Gobierno, tiene una necesidad inmensa de llegar a un acuerdo antes de que finalice este año. En cambio, los compradores, que vienen siendo las Farc, no sólo no poseen la menor prisa, sino que tienen clarísimo que si Santos quiere hacerse reelegir, debe sacar adelante la negociación de paz (¡Qué malos ‘aliados’ para garantizar la reelección se consiguió Santos!) Al Gobierno le va a tocar tragarse muchos sapos y soportar toda clase de desplantes y de provocaciones en esta negociación. Porque políticamente le queda de para arriba levantarse de la mesa sin haber logrado acuerdo alguno. Fuera de decir frases fuertes, como la que pronunció Humberto de la Calle esta semana, el Gobierno no va a poder hacer mucho más frente a los desplantes de la guerrilla.Me parece que el momento para sentarse a negociar tampoco fue el más propicio (aunque para negociar con las Farc ningún momento es bueno) porque los tiempos están muy apretados y al Gobierno se le está viendo la prisa. Y eso con una contraparte tan ladina y mañosa como las Farc, resulta fatal.Aunque parezca increíble, hay un escenario peor al fracaso del proceso de paz. Y ese es que por lograr algún acuerdo, el Gobierno termine dándole demasiado gusto a la guerrilla y acabe por acomodar la institucionalidad nacional a las pretenciones de ‘Timochenko’ y sus muchachos. Y como las negociaciones se hacen a puerta cerrada, podemos terminar enterándonos de eso demasiado tarde.Enrique Santos, el propio hermano del Presidente de la República, ya advirtió que el proceso marcha muy lento. Ese es el primer triunfo de las Farc: haber impuesto el ritmo de las negociaciones. Ellos tienen clarísimo que cada día que pasa, la presión en contra del Gobierno aumenta. Y que entre más tiempo transcurra, más contraprestaciones podrán conseguir.Mucho me temo que, así como las Farc consideran prisioneros de guerra a los militares que tienen secuestrados, el Gobierno puede terminar prisionero de un proceso del cual no va a tener como escaparse, así quiera. Porque el hundimiento de esta iniciativa, puede significar, ni más ni menos, que el hundimiento del sueño reeleccionista de Santos.

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