Por quién no votar

Enero 28, 2011 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

En la baraja de candidatos a la Alcaldía de Cali, hay cinco ‘cartas’ que en la actualidad son concejales de la ciudad. Lo cual no es raro, porque, supuestamente, a su paso por el Cabildo este quinteto debe haber adquirido un importante conocimiento de los asuntos del Municipio. Y porque además cada uno de ellos cuenta con una estructura política que es un buen ‘plante’ para iniciar una campaña por la Alcaldía. Mejor dicho, para los concejales, la Alcaldía es como el grado natural de su carrera política. ¿Pero será que a la ciudad le conviene quedar en manos de alguien que provenga de esa corporación? Los hechos parecen demostrar que no. Y no sólo por el escándalo en el que están involucrados algunos concejales del período 2004 y 2007, que puede culminar hoy mismo con la destitución de más de la mitad de los integrantes de ese Cabildo. La verdad es que las experiencias de alcaldes caleños que previamente han sido concejales han sido muy desafortunadas. Apolinar Salcedo, el caso más reciente, durante los tres años que estuvo al frente del cargo se dedicó a perfeccionar como Alcalde las prácticas que aprendió como concejal, hasta que terminó destituido.Infortunadamente, en los últimos años y con contadas excepciones, el Concejo de Cali abandonó su función fundamental de ser el contrapeso del poder del Alcalde y de ejercer el control político, para amangualarse con las sucesivas administraciones y terminar cogobernando, ingiriendo en la contratación y manejando buena parte de la burocracia municipal. Ese maridaje ha vivido uno de sus momentos más intensos con el actual Gobierno Municipal. La relación ha sido tan estrecha que pocas veces un Concejo le ha dado tanto margen al Alcalde para que gobierne, como también pocos gobernantes han consentido tanto al Concejo para que lo deje actuar. Hasta se inventó ese bodrio de los Guardias Cívicos para que cada uno de los cabildantes tuviera sus captadores de votos bien puesteados, uniformados y con el tiempo suficiente para adelantar su labor proselitista.Mejor dicho, no se necesita tener un alcalde ex concejal, para que éste le marche al Cabildo. Pero necesariamente cualquier ex concejal que llegue al primer cargo del Municipio --descontando a un par de ellos que por desgracia no están interesados en ser alcaldes-- va a repetir ese modelo de cogobierno entre el Cabildo y la Administración Municipal. Porque, aunque para la ciudad ese esquema es funesto, para ellos es magnífico, pues les facilita el desarrollo de la política al menudeo, que tanto les gusta.Pero como estamos pensando en elegir un alcalde que le sirva a la ciudad y no a los concejales, el primer paso que necesariamente tenemos que dar es no elegir un gobernante que vaya a replicar ese modelo, que es la génesis de la corrupción rampante y de la politiquería perversa que tiene hundida a esta ciudad. A estas alturas a lo mejor aún no tenemos muy claro cuál debe ser el perfil de la persona que asuma las riendas del Municipio a partir del 1 de enero próximo. Pero lo que sí debemos tener clarísimo es cual no debe ser ese perfil. Y la experiencia muestra que con egresados del Concejo, que se quieren graduar como Alcaldes, la ciudad termina perdiendo el año.

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