Picardías cortesanas

Marzo 27, 2015 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Me aterra que haya tanta gente aterrada con la renuencia del magistrado Jorge Pretelt a renunciar a la Corte Constitucional. A los aterrados con la actitud de Pretelt les recuerdo que vivimos en el país en el que a un presidente le comprobaron el ingreso de Us$ 7 millones de la mafia a la campaña que lo llevó al poder y el hombre no solo no renunció sino que hoy, posiblemente, es el político más influyente y poderoso del país. Si a alguien que le comprueban semejante pecado se limita a decir que ‘todo ocurrió a mis espaldas’ y sigue tan campante, cómo le vamos a pedir a un magistrado que renuncie cuando aún no le han comprobado que efectivamente recibió los $500 millones que dicen que pidió por fallar a favor una tutela.Lo irónico es ver a personajes como Juan Fernando Cristo, el Goebels de Ernesto Samper y uno de los grandes responsables de que este no se hubiera caído de la Presidencia, reclamando con indignación la renuncia de Pretelt. Lo que no significa que Pretelt no deba renunciar. Tiene que hacerlo, no solo para rescatar la imagen de la Corte, sino porque su actitud revela que no tiene la dignidad para poseer tan alta investidura. Y es que más que intentar demostrar que es inocente, Pretelt se ha empecinado en probar que sus colegas de la corte son tan pícaros como él. En la entrevista que le concedió a la W el viernes pasado Pretelt mostró que su molestia no se debe a que él no se haya reunido con abogados que tienen procesos en la Corte, sino que todos sus colegas lo hacen, pero al que “se la montaron” fue a él. Y por tanto, si él tiene que irse, sus compañeros también.¿Pero a qué horas el tribunal de mostrar de nuestra justicia se degradó de esa manera? La forma como se designan sus integrantes tiene mucho que ver con ello. Como los escoge el Congreso de una terna que pasa el Presidente, este casi siempre manda una terna con ‘dos burros y un caballo’ para que al Legislativo no le quede otro camino que seleccionar el que él quiere. Para completar, el legislativo no suele escoger el que más méritos profesionales tenga sino el que más capacidad de intriga posea. En buena hora el Gobierno decidió acabar esa forma de elección y reemplazarla por la cooptación que ya rige en la Corte Suprema. Es decir, que los propios magistrados escojan a sus pares.La otra gran fuente de corrupción, que no ha sido abordada por la reforma de equilibrio de poderes, es la forma como se seleccionan las tutelas que escoge para revisión la Corte Constitucional. Y es que de cada cien tutelas que se fallan, la Corte escoge dos. Con lo cual el abogado que logra sacarse esa lotería, ya se apunta un éxito. Eso hay que cambiarlo y que, por ejemplo, un tribunal seleccione y otro revise. Lo cual minimiza los riesgos de corrupción. Otro ‘cáncer’ que tiene en la agonía a la Corte es el hábito de que quienes terminan su período allí, al otro día ya como abogados salen a litigar ante sus antiguos ‘mompas’. Por eso es saludable que la reforma de equilibrio de poderes establezca a quienes terminan su período en una corte la prohibición para litigar ante la misma durante 5 años.Ojalá estas, y las otras reformas que anunció el Presidente sirvan para devolverle la credibilidad a las Cortes. Porque no les podemos pedir a los jueces que actúen con rectitud, mientras los encumbrados magistrados sigan dando semejantes muestras de desvergüenza.

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