Petro es una víctima

Noviembre 01, 2013 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

El triste espectáculo que está dando el alcalde de Bogotá Gustavo Petro, solo debería afectar a sus gobernados. Pero por las implicaciones que puede tener, ha trascendido las fronteras capitalinas para volverse un tema nacional.Fiel a su pasado subversivo, Petro ha recurrido a la combinación de las formas de lucha para tratar de evitar su destitución por parte de la Procuraduría.Ha abierto un frente jurídico en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ante quien se presentó como una víctima de un ‘caprichoso’ Procurador ‘facista’ que, según él, lo quiere sacar del puesto por razones ideológicas. Pero también ha abierto un frente de terror: no tuvo empacho en decir en una entrevista radial que su destitución tendría implicaciones tan graves como las que dejó el supuesto fraude cometido contra el general Rojas Pinilla, en las elecciones del 19 de abril de 1970. Supongo que, como el M-19 nació en protesta por ese presunto robo, lo que nos está advirtiendo Petro es que miles de colombianos van a tomar las armas para vengar su salida de la Alcaldía. Lo que ha quedado clarísimo con la actitud que Petro ha asumido frente al proceso que le adelanta la Procuraduría, es que la visión que tiene de la democracia el todavía alcalde de la capital es muy similar a la del chavismo. Cuando Petro dice que a él nadie le puede quitar un cargo que ganó por voluntad popular, lo que quiere significar es que para él la democracia se restringe al poder del voto. Para Petro la institucionalidad democrática, y los contrapesos que ese régimen le pone al poder, no tienen ningún valor. Desconoce que en una democracia real, tan importante como la voluntad popular son las instituciones que se encargan de velar porque esa voluntad no se traicione. La Constitución colombiana, en cuya elaboración tuvo un papel clave la AD M-19, de donde surgió Petro, creó un organismo cuyo fin, entre otros, es vigilar las actuaciones de quienes ejercen el poder. Y esa misma Constitución le da a esa institución la facultad de remover del cargo a quienes no ejerzan bien sus funciones. Esa institución se denomina Procuraduría General de la Nación. Y en los últimos años destituyó a 800 alcaldes, elegidos, como Petro, por voto popular. Circunstancia que no los blindó, como tampoco a Petro, contra la vigilancia de los órganos de control.Si Petro no está de acuerdo con la función que cumple la Procuraduría, en lugar de lanzarse a la Alcaldía de Bogotá, debió seguir en el Congreso y desde allí liderar una cruzada para liquidar a ese y a todos los órganos de control y vigilancia. De esa forma, los gobernantes elegidos por voto popular serían intocables, al estilo chavista, que tanto gusta a Petro.Gustavo Petro, efectivamente, es una víctima; pero de su incompetencia y de su arrogancia que lo llevaron a poner a la capital al borde de una emergencia sanitaria por el pésimo manejo que le dio al tema de la recolección de basuras. Improvisación que le costó al Distrito una billonada de plata. Que Petro sea un total incompetente es hasta explicable por la nefasta combinación de inexperiencia administrativa y pedantería de la que ha hecho gala.Pero que a esa incapacidad sume el cinismo y la mezquindad que ha exhibido en su deseo desesperado por evitar su destitución, es imperdonable en quien ocupa el segundo cargo en importancia del país. Y lo descalifica de plano para ejercer cualquier cargo público. Lo destituyan o no.

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