Pésima elección

Mayo 13, 2011 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

“Si hacemos una evaluación de la elección popular de alcaldes, no se puede hacer un análisis satisfactorio”.Parece que el procurador Alejandro Ordoñez, autor de la anterior frase, fuera caleño. Porque si a alguna ciudad le ha ido mal con la elección popular de alcaldes es a ésta. Con muy contadas excepciones, los alcaldes elegidos popularmente han resultado un desastre. O porque han querido enriquecerse en el cargo, o porque se han dedicado a hacer política, o porque no tenían ni idea de cómo se administra una ciudad. O todas las anteriores. Y no digo quién se salva de ese desastre, porque después me acusan de andar ambientando alguna postulación para los próximos comicios. A Cali le fue mucho mejor cuando los alcaldes los designaba el Presidente. En ese entonces, el Gobierno Nacional le pedía a algún prohombre que le prestara el servicio a la ciudad, y muchos estaban dispuestos a hacerlo. Las empresas en las que trabajaban colaboraban y le daban al señalado una licencia para que estuviera en la Alcaldía. Éste estaba un par de años en el CAM, hacía un gobierno impecable y luego volvía a su cargo. Pero desde que los alcaldes los elige el pueblo, cada vez parece irnos peor. Porque la política aquí se volvió un negocio y sólo pueden aspirar a llegar a ese cargo quienes tienen mucho dinero para financiar sus campañas.No es casualidad que para las próximas elecciones estén en competencia siete políticos profesionales, que en la actualidad son concejales. Su principal fuente de financiación, según confesaron en una encuesta que adelantó la Misión de Observación Electoral, son sus propios bolsillos. Si un concejal de Cali no tiene salario y gana por sesión asistida –con lo cual, en el mejor de los casos se pone dos millones de pesos al mes– uno se pregunta de dónde sacarán los ‘recursos propios’ con los que financian sus campañas. Pero hay otra verdad de a puño que dice el Procurador en referencia a esas elecciones. Y es cuando se refiere a que “los altos índices de corrupción que han generado los costos de esa elección popular, que crean circunstancias en donde es posible que sean cooptadas por estructuras criminales”.Si por mí fuera –aunque me acusen de ser más godo que el Procurador– de un plumazo acabaría con esas elecciones. Pero como ello no depende de mí, secundo la propuesta del ‘cruzado’ Ordoñez de que se haga una “reingeniería” a esos comicios para evitar la danza de millones que se mueve en las campañas, que aprovechan los delincuentes para financiarlas y terminar cooptando al alcalde elegido.Algo así le ocurrió al actual mandatario caleño, quien ha tenido que pagar un enorme costo por haber aceptado el apoyo de última hora de un movimiento cuyo jefe está hoy detenido, sindicado de tener vínculos con el paramilitarismo.***Hablar de la muerte de Álvaro Burgos es muy difícil porque él era un homenaje a la vida. Inteligente, alegre, noble, divertido, buen amigo, parrandero, enamorado... era todo un bacán como dicen los muchachos.Por ello, Álvaro seguirá vivo en el alma de quienes lo conocimos, hasta que nos reunamos en esa otra dimensión en la que nos está esperando.

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