Periodismo con tarifa

Abril 08, 2011 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Uno de los mayores irrespetos a la libertad de prensa registrados en esta ciudad tuvo lugar hace pocos días.En un hecho que merece ser denunciado ante las entidades que protegen el derecho a la información, esencial para cualquier democracia, el alcalde Jorge Iván Ospina convocó a un grupo de directores de programas radiales en los que el Municipio tiene pauta publicitaria, que él denominó “relaciones contractuales”, para pedirles que le ayudaran a darle un buen ambiente a su administración, en estos últimos meses que le quedan.Lo que hizo Ospina, por cierto de una forma no muy sutil, fue notificarles a los periodistas que si querían mantener la pauta de la Alcaldía, deben hablar bien de su gestión. Lo que constituye una vulneración grosera a la independencia periodística y a la misma libertad de expresión. Pero esa no es una situación aislada en Cali. Infortunadamente entre muchos medios locales y los gobernantes, o políticos en general, no existe un vínculo periodístico sino una “relación contractual”. Y de doble vía.Aunque usted no lo crea, muchas de las entrevistas que escucha o lee en algunos medios locales son pagadas por los entrevistados. Lo que significa que en realidad no son entrevistas sino publirreportajes en los que el periodista hace el penoso papel de amanuense del político y se limita a preguntar lo que este quiere y necesita. Por supuesto, no notifican de ese engaño a las audiencias, que quedan convencidas de que semejante pantomima fue una entrevista de verdad.Pero las “relaciones contractuales” entre los seudoperiodistas que incurren en esas prácticas deplorables van más allá. Me cuentan que ahora cobran por hablar bien de alguien en una columna política y hasta por favorecer a algún candidato en una encuesta. A eso hemos llegado.Esta mercantilización del periodismo es la responsable de que muy pocos comunicadores hayan levantado sus voces para cuestionar las atrocidades que cometieron personajes como Apolinar Salcedo o Juan Carlos Abadía. No fue gratuito que este último gastara más de $9.000 millones en publicidad.¿Es malo que los gobernantes inviertan en publicidad? Para nada. Ellos tienen derecho a mostrar sus realizaciones. Lo que está pésimo es que pretendan usar esa pauta publicitaria para socavar la independencia de los medios y para garantizar que los periodistas digan lo que ellos desean.Como es pésimo también que los mercenarios del periodismo usen su poder para extorsionar a los gobernantes, con el fin de que les den pauta. Y que algunos más audaces hasta se atrevan a pedir cuotas en el gobierno y contratos.Por desgracia, el periodismo no ha sido inmune a la epidemia de corrupción que tiene postrada a Cali. Y al lado de decenas de periodistas que ejercen con rigor, sacrificio y mística su oficio, están esos mercenarios que utilizan sus espacios como medio para enriquecerse o hacer política.Todo esto ocurre ante los ojos impávidos de las agremiaciones periodísticas, que se limitan a poner ofrendas florales el día del periodista y no dicen ni mu acerca de estas “relaciones contractuales” que prostituyeron la libertad de expresión en la ciudad.

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