Perdón, Federico

Agosto 12, 2016 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Federico Uribe es uno de los más importantes artistas nacionales del momento. Las obras de este escultor bogotano llaman la atención por su originalidad, pues utiliza objetos de uso cotidiano para crear impactantes expresiones artísticas. Uno de sus últimos trabajos, que llamó Quedemos en paz, consistió en crear animales, como tigres, osos y patos, utilizando balas.Pero esta columna no pretende hablar de arte sino de la tolerancia frente a la diversidad sexual. Porque ocurre que Federico fue mi compañero de colegio en Bogotá. Y desde muy joven, el hoy consagrado artista, dio muestras de tener una tendencia sexual diferente al del resto de sus compañeros (se trataba de un colegio masculino) lo que lo convirtió en víctima del más cruel matoneo, del que yo fui partícipe.Para colmos, me vine a enterar, mucho después, que Federico fue abusado por un sacerdote que daba clases de religión en ese plantel. Lo que agrava el sentimiento de culpa que me causa haber participado de la lapidación moral de la que fue objeto este hombre, por la exclusiva razón de ser gay. Y profundiza mi arrepentimiento. Por eso, porque fui testigo de primera línea de la crueldad con la que sus compañeros pueden tratar a un niño que ellos perciben como anormal, apoyo irrestrictamente la intención del Ministerio de Educación de inculcar en los niños, desde su más temprana edad, el respeto por la diversidad sexual. No conozco el famoso manual que el Ministerio, con el apoyo de la ONU, pensaba repartir en los colegios para promover ese respeto. Pero más allá de si era el instrumento adecuado para ello, me parece ridículo que se afirme que ese documento podía “inducir a la homosexualidad”. Y considero de la mayor gravedad que esa afirmación salga de toda una Procuradora delegada para la Adolescencia y la Infancia. Por la sencilla razón de que nadie se convierte en homosexual por leer un manual. Lo máximo que puede lograr un documento de ese tipo es que una persona reconozca su condición y se decida a salir del clóset.Con lo cual, se le prestaría un gran servicio a la persona que da ese paso. Porque ser homosexual no tiene nada de malo. Lo que sí es terrible, por el daño que se causa a sí mismo y a quienes lo rodean, es no atreverse a salir del clóset. Pueda ser que ahora que el presidente Santos anunció que el dichoso manual no se implementará, la ministra Parody no se vaya a ‘patrasear’ en su intención de inculcar el respeto por la diversidad sexual desde la más temprana edad. Porque solo el niño que crece viendo con naturalidad que haya tendencias sexuales diferentes a las suyas, respetará esas tendencias cuando sea un adulto. A mi generación no le ocurrió eso. Y por eso crecimos llenos de prejuicios y de falsos paradigmas, que afloran en marchas como las que se adelantaron esta semana. No nos digamos mentiras: tenemos toda clase de prejuicios contra los homosexuales. Admitirlo es el primer paso para superarlos.El daño que le hice a Federico Uribe es irreparable. Y siento que la única forma de compensarlo es haciendo todo lo posible para evitar que los niños actuales actúen contra los federicos de hoy de la manera despiadada con la que mis compañeros y yo procedimos contra esa persona.Que, por fortuna, tuvo la inteligencia de sublimar el rencor que le causamos para transformarlo en una maravillosa expresión artística.Sigue en Twitter @dimartillo

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