¿Perder es ganar?

Octubre 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Muy pocos de quienes participamos en el plebiscito, ni entre los que militábamos en el Sí, ni entre quienes respaldaron el No, previeron el resultado que se dio.Los del No, al menos el Centro Democrático, a lo que le estaban apostando era a sacar una buena votación que los dejara bien posicionados para el 2018. Tenían la certeza que con esa base electoral y sabiendo capitalizar las dificultades que conllevaría la implementación de los acuerdos, tendrían un gran chance de alcanzar una victoria en las próximas presidenciales.El triunfo logrado por ese bando en el plebiscito, en cierta forma, los metió en un lío. Porque ahora el balón de la paz quedó en sus manos. Lo que de inmediato los ubica en el mismo bando del presidente Juan Manuel Santos.Ahora, tanto Santos como Uribe están obligados a hacer todo lo posible para que el proceso de paz no se hunda. El Presidente, para no pasar a la historia como el hombre que tuvo la paz al alcance de la mano y la dejó ir. Y Uribe para no quedar como el tipo que frustró la mejor posibilidad que este país tuvo de poner fin a un conflicto de 52 años.Mejor dicho, al Presidente que soñaba con convertirse en el hombre que trajo la paz al país, ahora le va a tocar compartir esa foto con Uribe, su archienemigo. Así es la política. Ese plebiscito que tanto los polarizó durante la campaña, terminó uniéndolos. Por eso Uribe, que es viejo zorro político como lo demostró con creces el domingo, se apresuró a pedirle una cita a Santos para ver cómo cuadran ese entuerto. Ayudó mucho para que el expresidente se animara a buscar ese contacto, haberse sacado la espina que tenía clavada desde el 2010, cuando sintió que Santos lo había traicionado haciéndose elegir con los votos del uribismo, para gobernar con un libreto opuesto al de los postulados uribistas.En repetidas ocasiones Uribe desatendió las invitaciones que Santos le hizo para que dialogaran. Pero ahora, tras el épico triunfo que logró el domingo, el panorama cambió y se animó a regresar a la Casa de Nariño, porque lo hizo victorioso.Pero más allá de las razones que tuvo para aceptar acercarse al Gobierno, lo cierto es que de pronto, como el propio Uribe dice, la catástrofe del domingo puede desembocar en algo positivo: que la paz ‘débil’ que iba a firmar la mitad del país, dé paso a un consenso que genere un acuerdo más sólido.Será difícil pero no imposible. En el fondo, ‘los inamovibles’ del uribismo contra el acuerdo de paz, se reducen a uno solo: que no haya impunidad para los jefes de las Farc. Y aunque ‘Timochenko’ y compañía han repetido que no están dispuestos a pagar un día de cárcel, si son prácticos, recapacitan. Porque estar recluidos en una prisión cinco años, frente al interminable prontuario que tienen, es una ganga. Ellos habían conseguido una ganga mayor, que era no tener que ir a la cárcel, uno de los grandes sapos que nos íbamos a tener que tragar. Pero así como muchos estábamos dispuestos a ello, resultó que el domingo una mayoría, así fuera exigua, dejó en claro que no está en disposición de hacerlo.Frente a esa realidad, a los jefes de las Farc no les quedan sino dos caminos: o pagan un pequeño costo para saldar sus deudas con la sociedad o se devuelven para el monte. Y con lo aburguesados que están, dudo que opten por la segunda alternativa. Con lo cual, esta vez de pronto resulta cierta la máxima del filósofo Pacho Maturana: Perder es ganar.Sigue en Twitter @dimartillo

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