Otra vez huérfano

Otra vez huérfano

Febrero 11, 2011 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

“Las canciones no son de quien las hace (o de quien las interpreta) sino de quien las necesita”.Esa frase, adaptación particular de la sabia sentencia que el protagonista de esa bella película llamada ‘Il Postino’ pergeñó en referencia a la poesía, explica la conmoción que generó en Cali y en Colombia la muerte de Helena Vargas.Y es que las canciones de Helenita, (porque eran de ella, así no las hubiera compuesto) hablaban de desamor, de dolor, de nostalgia, de pasión y de tantas otras cosas que nos suceden a los seres humanos en la cotidianidad. Por eso conectaban con miles de personas. Pero no sólo por eso. También, y sobre todo, por la forma única en la que Helenita las interpretaba. Con una pasión y con una convicción tales que le transmitía al público la certeza de que ella estaba sintiendo todo aquello que cantaba.En una ocasión me confesó, sin la menor amargura, que a lo largo de su vida conoció a mil personas que tenían una mejor voz que ella. “Lo que no tenían, me dijo, era mi estilo”. Cuanta razón tenía porque lo que hizo única a Helena fue su estilo. Arriba y abajo del escenario.Helenita era en verdad un ser irrepetible, adjetivo que se desgastó de tanto endilgárselo a algunos que no se lo merecen. Pero ella sí que lo era.Sobre todo en esta tierra que ha producido a tanto pusilánime, a tanto acomodado y a tanto que actúa de acuerdo a las circunstancias. Que en esta anodina parroquia alguien haga lo que se le da la gana, es algo verdaderamente exótico.Helenita no era políticamente correcta. Hacía lo que le dictaba el corazón. Amaba y desamaba intensamente. Su amor no tenía límites, cuando alguien lograba metérsele en el corazón. Pero a quien defraudaba ese cariño no le daba ni siquiera el gusto de odiarlo. Simplemente lo olvidaba con la más fría de las indiferencias.El éxito de Helenita la luminaria y el de Helena, la mujer, era que, a diferencia de muchos artistas que se transforman cuando suben al escenario, ella era idéntica en sus dos facetas. En lo profesional y en lo personal era absolutamente auténtica. Cero poses que no correspondieran a su personalidad descomunal.Burlar el ciclo natural de la vida es imposible. Pero la mayoría de las vidas se acaban cuando se exhala el último suspiro. No es el caso de Helena Vargas. Su voz y sus canciones seguirán sonando mientras haya enamorados, despechados, apasionados y nostálgicos que las necesiten.Y entre quienes tuvieron, tuvimos, el privilegio de conocerla en las bambalinas de la vida, ese torrente vital y ese ejemplo de mujer berraca, emprendedora, honesta, lúcida y amorosa sin límites sobrevivirá mientras exista uno sólo de sus amigos.Me correspondió ser el único mortal que se ha quedado huérfano dos veces. La primera, de la madre que me parió y a quien le aprendí la autenticidad que luego encontré en Helena Vargas.Y la segunda, de esa otra madre que me adoptó y a la que le aprendí cosas tan sencillas como sustanciales. Por ejemplo, que está prohibido ponerse triste cuando al recordarla, pues vivir esta vida valió la pena sólo por haber tenido la dicha inmensa de conocer a seres como ella.

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