No quiero creerlo, Sigifredo

Mayo 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Más que no poderlo creer, no quiero creer que Sigifredo López haya tenido alguna participación en el secuestro y asesinato de los 11 diputados que fueron secuestrados con él, hace 10 años.Muchas veces he deseado con el alma que a determinado personaje, sindicado de algún delito, le caiga todo el peso de la ley. Pero en el caso de Sigifredo, lo confieso, anhelo que todo sea una confusión. Que quien aparece en el video --que según la FM, estaba en el computador de Alfonso Cano-- dándoles datos a los guerrilleros de las Farc acerca de los hábitos de los diputados y del funcionamiento de la Asamblea, sea otro.Desconozco las pruebas que tendrá la Fiscalía para sindicar a Sigifredo de delitos tan graves como homicidio agravado, perfidia, toma de rehenes y rebelión. Aunque presumo que si lo citaron a indagatoria debe ser porque esos indicios tienen algún peso. Pero no me quiero meter en las honduras jurídicas del caso. Esas que las resuelvan los fiscales y los jueces. He departido con Sigifredo en muchas ocasiones. Lo entrevisté recién salió de su cautiverio y le creí cuando me dijo que quería aprovechar de la mejor manera la segunda oportunidad que la vida le había dado.En suma, no me dio la impresión de ser alguien capaz de cometer los delitos que le imputan. Aunque la vida me ha enseñado que uno no puede dejarse llevar por las apariencias, pues los malos sólo tienen cara de tales en las películas. En la vida real, más de un bandido tiene una cara de yo no fui bien administrada. Por eso es mejor dejar el tema judicial en manos de los que saben.Lo que me interesa es el drama personal que hay detrás de esta captura. La tragedia de la familia de Sigidredo. El dolor lacerante que debe estar padeciendo Patricia Nieto, esa valiente mujer que luchó durante siete largos años por la libertad de su marido, que durante esos interminables meses padeció la incertidumbre de no saber si estaba vivo o muerto. Que vivió como un verdadero milagro que Sigifredo fuera el único sobreviviente de los diputados secuestrados y que pudo gozarse su retorno. Pienso, también, en esos dos muchachos que el día en que Sigifredo recuperó la libertad lo recibieron en el aeropuerto, dichosos por recuperar a su padre, tras siete años de ausencia.Y me conmueve el impacto que esta noticia causó en las familias de los diputados asesinados. Es desolador que unas familias que pasaron por las que pasaron y estaban convencidas de que esa horrible noche había quedado atrás, ahora deban enfrentar esta nueva pesadilla.Esta sorpresiva acusación es un nuevo golpe para el Valle del Cauca, para quien la salvación de Sigifredo fue una suerte de bálsamo en medio de la tragedia que constituyó el asesinato de los otros 11 diputados. Pensar que un hijo de esta tierra pudo ser copartícipe de tan horrendo crimen es simplemente estremecedor.En medio del shock que la noticia ha producido en nuestra región, cabe esperar que la investigación a Sigifredo sirva para aclarar las circunstancias en que se produjo el horrible crimen de los diputados. Sólo cuando ello ocurra, las víctimas de ese hecho atroz, sus familias y todos los vallecaucanos, podremos quedar en paz.

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