Ni ‘vice’, ni reelección

Ni ‘vice’, ni reelección

Febrero 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

El presidente Santos logró convertir a los 1.100 alcaldes del país en sus jefes de debate regionales, al ofrecerles la supermermelada de ampliar en dos años su período, en caso de que él, Santos, resulte reelegido. Los gobernantes, ante quien el Mandatario hizo el singular ofrecimiento, no pudieron ocultar su alegría con esta suculenta mermelada y lo ovacionaron cuando lo planteó. Semejante acto de populismo y de oportunismo político justifica por sí sola la otra propuesta que hizo Santos, la de acabar con la reelección presidencial.En teoría, como dice Fernando Cepeda, la reelección es un válido mecanismo, mediante el cual el pueblo castiga o premia la labor cumplida por el Jefe de Estado. Pero en una democracia tan presidencialista como la nuestra y con unos políticos tan poco escrupulosos como los nuestros, la competencia entre un candidato-presidente y unos aspirantes de a pie es demasiado desigual.Para comenzar, diferenciar entre candidato y presidente es imposible. Por lo tanto, todos los actos que el gobernante ejecuta benefician al aspirante. Aparece diez veces en los noticieros de televisión todos los días, maneja un presupuesto billonario, inaugura obras y entrega casas gratis a través de sus subalternos, etc.Vencer en las urnas a un presidente que acumula semejante poder, incluso si su popularidad es tan baja como la del actual, es una hazaña. Prueba de ello es que todas las encuestas muestran que la mayoría de la población rechaza la reelección, pero a pesar de ello esas mismas encuestas le dan amplio favoritismo a Santos. Da la sensación de que la gente no quiere que Santos sea reelecto pero le parece inevitable que ello ocurra. Pero además de la excesiva ventaja que da al candidato-presidente esa doble condición, otra razón para acabar con la reelección es que por estar dedicado a apalancar su aspiración, durante el último año de gobierno el Mandatario descuida sus obligaciones de gobernante. Sobre la propuesta de ampliar los periodos de los alcaldes, gobernadores y del propio Presidente, me limitaré a repetir la frase de Alfonso López Michelsen: “Cuatro años son muy pocos para un buen gobernante, pero son una eternidad para uno malo”. Otra iniciativa que al parecer se va a incluir en la reforma política que prepara Santos, es la eliminación de Vicepresidencia. Tal como ocurre con la reelección, esa figura, en el papel, se justifica, pues el hecho de ser elegida popularmente le da legitimidad a la persona llamada a reemplazar al Mandatario. Pero esa legitimidad le está resultando demasiado costosa al erario público, además de ser una fuente de problemas.Ya sea porque hace poco, como Angelino, o porque pretenda hacer mucho, como amenaza desde ya Vargas Lleras, esa figura es inconveniente. En el primer caso, porque no se justifica el costo de tener a una persona ‘calentando banca’ cuatro años, cruzando los dedos para que al Presidente le pase algo, y en el caso de Vargas Lleras porque se corre el riesgo de que alguien con semejantes ínfulas y semejante ambición termine convirtiéndose en un presidente en la sombra. (Vargas ya lo advirtió, el no va a ser subalterno sino coequipero de Santos). En fin, independiente de los intereses electorales que las motivan, los hechos demuestran que estas propuestas son válidas. Y que en una democracia, las mejores intenciones pueden generar los mayores problemas.

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