Negociar, un negociazo

Abril 01, 2016 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

El proceso de paz con las Farc se ha empantanado en un punto en el que las partes no parecen dispuestos a ceder.Mientras las Farc pretenden que les concedan 80 puntos del país para que sus combatientes se concentren, además de que el desarme de los mismos sea gradual como ocurrió en Irlanda, el Gobierno considera que el desarme debe darse de una sola, máximo 60 días después de que se firme la paz, y que ‘la guerrillerada’ debe concentrarse en máximo 15 puntos del país.Esa enorme diferencia de visiones fue lo que impidió que la paz con esa guerrilla se firmara el 23 de marzo. Y me temo que acercar posiciones tan distantes va a tomar unos buenos días, con lo cual esa anhelada firma no va a ser tan pronto como todos, menos las propias Farc, esperamos.Mientras tanto, en Caracas se anunció, con bombos y platillos, el inicio de unas negociaciones de paz con el Ejército de Liberación Nacional. No quiero ser pesimista, pero si las negociaciones con las Farc han sido complicadas y a estas alturas aún no se ve cuando puedan llegar a feliz término, el proceso con el ELN sí que va a ser dispendioso.Primero por el tipo de organización que son los elenos. A diferencia de las Farc, que funcionan como un ejército, con un mando unificado y jerarquías claras, el ELN es una especie de confederación, donde cada frente actúa por su lado, bajo el mando del cabecilla de turno y usando la franquicia de la organización. O sea que lo que acuerden los negociadores de esa guerrilla también tiene que ser avalado por el comandante del frente.Pero, además, la agenda acordada es absolutamente etérea y se presta para dilatar la negociación. La sola definición de temas como “Participación de la sociedad en la construcción de la paz”, “Democracia para la paz” y “transformaciones para la paz” va a tomar su tiempo. Y ya aterrizarlos será muy complejo, sobre todo si, como suele suceder en este tipo de negociaciones, una de las partes (la guerrilla) no está muy interesada en el que el asunto se resuelva rápido.Y es que para un grupo alzado en armas, como me contaba una persona que jugó un papel clave en los inicios del proceso con las Farc, es un gran negocio negociar (aunque suene a pleonasmo). Simplemente porque lo que más le cuesta a una organización de ese tipo son los insumos para la guerra: las balas, los explosivos, el armamento, atender a los heridos, etc. Cuando las armas están silenciadas, se ahorran esos costos. Pero sin firmar la paz, se mantienen los ingresos (actividades ilegales como la extorsión, la minería ilegal y el narcotráfico). Con lo cual, pueden dar el paso de dejar definitivamente las armas con los bolsillos llenos. Para no hablar de las ganancias intangibles de la negociación, en especial la legitimidad política que adquieren quienes hasta hace poco eran mirados como unos bandoleros.Para las Farc, estos años de negociación han sido solo ganancia. Los costos comenzaran a pagarlos cuando firmen la paz. Por eso, quieren dilatar ese momento todo lo que puedan.Y lo mismo, sin dudarlo, intentará el ELN. O sea que el pulso que nos aprestamos a ver será entre un gobierno que tratará de concretar la paz en el menor tiempo posible y una guerrilla que procurará alargar lo más que pueda el negociazo que es negociar.Y, al observar la difusa agenda que servirá de base para esa negociación, me temo que, por ahora, los que van ganando ese pulso son los elenos.

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