Narcomodelo a no seguir

Narcomodelo a no seguir

Junio 07, 2013 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Hasta el martes pasado, Sara Builes era una de las modelos con más proyección de Colombia. Con 22 años y de una belleza casi insultante, las agencias de publicidad y las grandes empresas de este país se la peleaban para que promocionara sus productos. Para Direct TV hizo una sensual campaña (vaya contrasentido, con una mujer así, ¡A quién se le ocurre ver televisión!). Y había enlucido una de las recientes ediciones de la revista Soho.El ‘reinado’ de Sara se vino abajo el martes cuando fue detenida en el aeropuerto de Río de Janeiro junto con John Fredy Manco, alias el Indio. Este sujeto es, según las autoridades, uno de los principales cabecillas del narcotráfico en el país y era buscado por una larga lista de delitos entre los que se cuentan concierto para delinquir, tráfico, fabricación y porte de estupefacientes, homicidio agravado, secuestro y porte de armas.Sara, aunque es investigada por las autoridades, aún no tiene sindicación alguna en su contra, por lo cual fue deportada al país. Y de promesa del modelaje, pasó a engrosar la lista de narcomodelos, integrada por bellezas como ella que terminaron enredadas con tenebrosos capos. En esa lista están Natalia París, Angie Sanclemente, Sandra Muñoz, Nathaly Umaña y Sandra Murcia, entre otras.El implacable señalamiento social cayó de inmediato sobre Sara. “¿Cómo es posible que una niña tan linda y con tanto futuro se enredara con semejante monstruo?”, le escuché decir a una indignada compañera de trabajo. La misma pregunta que miles de colombianos se hicieron en ese momento. Yo no me hice esa pregunta. Es más, así suene duro, me atrevo a afirmar que lo raro no es que una niña como Sara caiga en las redes de un narco sino que no lo haga. Que en este mundo ultraconsumista en el que vivimos una muchacha se deje deslumbrar por los regalos de un magnate de esos no es para nada raro. Y para que no me digan machista, eso no es un tema de género. Un pelado está expuesto a lo mismo. No se requiere que la muchacha sea de origen humilde. Los diamantes, los viajes, los relojes y la ropa de marca les gustan a las muchachas de todas las condiciones sociales. Por eso en las garras de los generosos capos han caído mujeres de todos los estratos.Y por eso es que en las universidades del país hoy pululan las (y los) prepago. La mayoría de quienes venden su cuerpo no lo hacen para pagar la matricula universitaria sino para darse los caprichos que sus padres, que a duras penas alcanzan a costear la carrera, no les pueden ofrecer. Se requiere tener una formación en valores muy sólida, que infortunadamente muy pocos poseen, para no dejarse seducir por esos oropeles. Con lo cual, la mayoría de los mortales, de una u otra forma estamos expuestos a caer en ese tipo de tentaciones. Por eso, mucho más útil que la fácil e hipócrita estigmatización social, lo ocurrido a Sara debe ameritar una serena reflexión acerca de la forma como estamos educando a nuestros hijos.¿Los estamos educando para que sean seres de bien y para que le sirvan a la sociedad o simplemente para que sean exitosos? ¡Cuidado! Si la respuesta es la segunda alternativa, puede estar criando en su hogar a una nueva Sara Builes. O a un nuevo Indio.

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