Militares, a sus zapatos

Militares, a sus zapatos

Febrero 21, 2014 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

“Esos son casos aislados que no comprometen a la institución”.Esa es la cajonera frase que surge cada vez que un militar mete la pata. Y se ha vuelto cajonera por cierta, pues por las andanzas de un uniformado bandido no se puede satanizar a una institución que tiene más de 400.000 integrantes y que le presta un invaluable servicio al país.Decir, pues, que las Fuerzas Militares son corruptas es un exabrupto. Lo que no implica que en esa institución no existan prácticas que incentivan la corrupción. Y la más notoria de ellas es la facultad que tienen los generales de contratar. Es un despropósito que un oficial maneje contratos. Ellos no son entrenados para eso. Que tengan esa atribución es tan peligroso como poner a un economista a disparar una ametralladora Punto 30. Entregar a gente formada para la guerra, y que probablemente no sabe ni cuadrar la chequera, el manejo de $27 billones --la tajada más grande del presupuesto nacional-- es una emboscada contra los recursos del Estado. Y contra los propios militares. Por supuesto, toda esa plata no la manejan los oficiales. Buena parte de ella se va en el pago de sueldos y otros gastos de funcionamiento. Y ni siquiera manejan toda la contratación, porque los negocios más grandes, como la adquisición de aviones, son potestad del Ministerio de Defensa.Pero sí tienen la posibilidad de contratar rubros como la compra de gasolina, los repuestos de los vehículos, uniformes, alimentación, etc. Que parecen negocios de menor cuantía pero no lo son, por el tamaño y la dinámica del estamento castrense. Para entender el volumen de lo que adquieren los militares basta decir que la cuarta parte de los calzoncillos y medias que se negocian en el país los compran las FF. MM. Mejor dicho, el sueño de cualquier contratista es ganarse un negocio con los militares. Así sea la compra de botones para los uniformes. Y lo más grave es que la mayor parte de esas adquisiciones se hacen a dedo y sin ninguna vigilancia. Todo un papayazo para los corruptos. La preocupación que genera esta situación es vieja. Desde que se les entregó el Ministerio de Defensa a los civiles, se han hecho varios intentos de ponerle orden a ese despelote. Se planteó, por ejemplo, crear una junta de contratación, manejada por expertos, en la que se centralicen todas las adquisiciones de las FF. MM. Lo cual, no solo blindaría contra la corrupción sino que, por aquello de la economía de escala, significaría importantes ahorros. Pero, con el argumento de que la guerra no da espera y que hay cosas que se necesitan para ya, los militares se han opuesto radicalmente a esa medida. Y ningún gobierno se ha atrevido a torear ese avispero. Un gobernante serio, en lugar de usar a un puñado de generales como chivos expiatorios de una fenómeno fuertemente arraigado en el estamento militar, tomaría, de una vez por todas, la decisión de quitarles a los militares su injerencia en la contratación.Esa sería la determinación más sana para los recursos de la Nación y para las propias FF.MM. Institución que, según todas las encuestas, es la más respetada y admirada por los colombianos. Para preservar esa positiva imagen es preciso combatir los cánceres que puedan minarla. Y entre esos carcinomas, el de la corrupción, generado por el tumor de la contratación, hay que extirparlo de una vez por todas. Antes de que haga metástasis en todo el cuerpo castrense.

VER COMENTARIOS
Columnistas