¿Metida de pata?

Mayo 31, 2013 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Sin duda, Juan Manuel Santos metió la pata. Pero no el pasado miércoles, al recibir en el Palacio de Nariño al líder de la oposición venezolana, Henrique Capriles. Sino cuando asumió una actitud absolutamente arrodillada con el chavismo, dentro de su propósito de que el Gobierno venezolano fuera facilitador del proceso de paz con las Farc.Esa obsecuencia dio pie para que los chavistas creyeran que Colombia estaba al nivel de Nicaragua, Bolivia, Ecuador o cualquiera de esas republiquetas que, por razones más económicas que ideológicas, se han convertido en satélites suyos. Por lo cual resulta normal que Cabello y Jagua, los chafarotes que ejercen el poder en Venezuela tras la desaparición del chafarote mayor, considerasen un acto de alta traición que Santos haya recibido en su casa a quien ellos ven como su peor enemigo.Para mi resulta claro que la decisión de Santos de recibir a Capriles no fue ningún acto de precipitud ni una imprevisión, como consideran algunos. Al contrario, fue otra de las jugadas de avezado jugador de póker a las que el Presidente nos ha ido acostumbrando. Santos se percató de que la realidad política ha cambiado y que es posible que hoy Venezuela necesite más a Colombia que viceversa. Primero porque el proceso de paz ya tomó una dinámica propia y es poco probable que a estas alturas las Farc se vayan a levantar de la mesa porque Venezuela se margine. Y segundo porque ante el dramático desabastecimiento que padece el vecino país, los proveedores más expeditos de los productos que se requieren allá somos nosotros. Y a nivel interno, para Santos, que anda en plena campaña reeleccionista, resulta muy rentable políticamente desmarcarse del chavismo y acercarse a la oposición venezolana que goza de muchas más simpatías entre los colombianos que la dictadura chavista. Ante ese panorama, Santos no tuvo problema en notificarles a los chavistas que él no es Evo ni Ortega y que no tiene que pedirle permiso a nadie para recibir a quien quiera en su casa.No me cabe duda de que Santos calculó cuál iba a ser la reacción de los Cabellos y de los Jaguas. Y que tenía claro que esa pataleta le iba a hacer ganar unos puntos que está requiriendo con urgencia para hacer despegar su campaña reeleccionista. Como también creo que Santos tiene claro que de esa pataleta los venezolanos no van a pasar.Jugada maestra la de Santos. Primero marcó distancias con el chavismo, lo cual lo beneficia a nivel externo, pero sobre todo, dentro del país. Y segundo, hizo quedar como un zapato al gobierno venezolano. Ningún país medianamente democrático arma semejante show porque un presidente de un país amigo recibe al jefe de la oposición. Por ejemplo, el excandidato republicano John Mc Cain se reunió con Santos en plena campaña presidencial y no recuerdo que Obama se haya quejado por ello. Pero para dictaduras como la chavista, los opositores son los peores enemigos y todo aquel que siquiera les dé la mano ipso facto se convierte en cómplice. En buena hora, no sé sin intención o con ella, Santos, que sabe más de póker que de lealtades, no sólo corrigió el error que cometió cuando se declaró el nuevo mejor amigo de Chávez, sino que dejó en sus platas a los sucesores de su desaparecido ex mejor amigo.

VER COMENTARIOS
Columnistas