Mataron la Esperanza

Mataron la Esperanza

Abril 17, 2015 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

La vereda donde los guerrilleros de las Farc masacraron a 11 militares, en la madrugada del miércoles pasado, se llama La Esperanza. Vaya paradojaPues me temo que esa guerrilla, además de esos 11 soldados que asesinaron a sangre fría, mataron, de un tajo, la esperanza de paz que comenzaba a florecer, con gran dificultad, en muchos compatriotas.Esa sed de paz que tenemos la mayoría de los colombianos, nos hizo olvidar con quién se está negociando en La Habana. Y el ataque del miércoles se encargó de refrescarnos la memoria.Nos recordó, por ejemplo, que las Farc que mataron a los soldados son las mismas que secuestraron a 12 diputados del Valle, los tuvieron en cautiverio cinco años y después asesinaron a 11 de ellos de la manera más fría y cruel. Y que, de contera, nunca explicaron en qué circunstancias ocurrieron esas muertes, ni mucho menos ofrecieron disculpas por semejante atrocidad.Para exculpar a la cúpula guerrillera del asesinato de los militares, algunos ‘analistas’ han comenzado a circular la versión de que la gente que está en La Habana no tuvo nada que ver con esos hechos. Y que estos fueron ordenados por unos cabecillas, que actuaron de forma autónoma e inconsulta ¡Vaya consuelo!Uno no sabe que es peor: si que la masacre haya sido ordenada por el Secretariado, para presionar el cese al fuego bilateral, o que, efectivamente, se haya producido por iniciativa del cabecilla de la columna Miller Perdomo.El primer escenario implicaría que los negociadores de las Farc son unos cínicos mentirosos que ofrecieron una tregua para que el Ejército bajara la guardia y poderle propinar un golpe letal. Y el segundo, que el Secretariado no tiene control real sobre todos sus frentes, lo cual implicaría que nada ganaríamos firmando la paz, porque hay unos bandidos que no se desmovilizarían y seguirían causando estragos a nombre de cualquier causa. No se sabe cuál escenario es más desalentador.Por hechos menos graves que el ocurrido en La Esperanza, se han acabado procesos de paz anteriores. Pero es claro que ese febril anhelo de paz que padecemos en el país, y la apuesta casi suicida que ha hecho por este proceso el presidente Santos, llevaran a que las negociaciones sigan.Ojalá, entonces, que el Gobierno tome nota de con quién está negociando, se percate de que con las Farc no se puede ser generoso (para ellos generosidad equivale a debilidad) y aplique los correctivos necesarios.El primero, dejarse de embelecos de desescalamientos, porque está claro que mientras las Farc estén armadas y con la posibilidad de hacer daño, en el momento menos pensado darán el garrotazo. Lo que urge, entonces, es acelerar el proceso de paz, ojalá poniendo un plazo perentorio para la firma de los acuerdos. Las Farc sólo dejarán de ser una amenaza cuando se hayan desmovilizado y entregado cada una de sus armas. Mientras estén armados, no hay tregua que valga. Insisto, con el ataque de La Esperanza, la guerrilla se encargó de matar la esperanza de paz que comenzaba a nacer en muchos colombianos. Y para revivirla no bastarán gestos pasajeros destinados a crear la sensación de que la violencia ha disminuido, sino decisiones audaces y hechos concretos que sirvan para desempantanar un proceso que hace rato parece no ir para ningún lado.

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