Marimonda carcelaria

Febrero 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

El ex senador Juan Carlos Martínez debe estar organizando otra parranda para celebrar el castigo que le aplicó el Inpec por haber armado tremendo ‘foforro’ para celebrar su cumpleaños. Martínez pasó de una cárcel de alta seguridad a una de alta inseguridad, de la que se fugó un preso la semana pasada. Pero además, de seguro se sentirá mucho más a gusto con el calor del reclusorio barranquillero de lo que estaba en la fría Picota. Y ahora estará en manos de guardianes más cheverongos que sus carceleros del altiplano. Me temo que en su nuevo alojamiento Martínez, no va a organizar fiesticas sino verdaderos carnavales. Parece que con esta medida, las autoridades carcelarias, más que sancionar los excesos del ex congresista, simplemente quisieron acallar el escándalo generado por la fiesta de Martínez. Por que si de verdad hubieran buscado sancionarlo lo habrían mandado a Cómbita a chupar frío. ¿Pero mandarlo a Barranquilla? Lo único que faltó es que lo hubieran remitido a la cárcel municipal de Timbiquí. Volviendo al motivo del curioso castigo, los fieles ‘mompas’ del ex congresista que se las ingeniaron para celebrarle su cumpleaños, han querido convencernos de que lo que hubo ese día en La Picota fue casi que un acto litúrgico. Y que en esa reunión los invitados no tomaron whisky ‘ventiado’ sino agua bendita. Y que Alexis Lozano no cantó ‘Buenaventura y Caney’ sino el Ave María de Schubert. Tras de bribones, bufones.Al menos ese bochornoso episodio sirvió para develar los escandalosos privilegios que tienen los presos de la ‘parapolítica’. Para comenzar, mientras un preso común y apenas tiene derecho a dos visitas semanales, los sábados de hombres y los domingos de mujeres, los ‘parapolíticos’ podían recibir visitas ¡seis días a la semana! Pero además, tienen celda propia, acceso a internet, teléfonos celulares, pueden llevarles la comida todos los días y un largo etcétera de privilegios a los que no tienen acceso los demás reos. No contentos con ello, se las arreglan para pasarse por la faja las pocas limitaciones que tienen, como hicieron quienes se prestaron para anotar como visitantes suyos a los invitados a la fiesta de Martínez, debido a que cada parapolítico ‘sólo’ lo pueden visitar cinco personas cada vez. No hay derecho. Ser un político y estar sindicado de haber traicionado el mandato popular para aliarse con los peores asesinos es un agravante clarísimo, que merecería que estos personajes tuvieran unas condiciones de reclusión mucho más severas que cualquier otro preso. Pero como los parapolíticos tienen toda clase de influencias y muchos de ellos, como el propio Martínez, conservan su poder político intacto, sus tentáculos de seguro se extienden al Inpec y por ello les hacen ‘más pasito’ que al resto de convictos. Por ello, no creo en el propósito de enmienda que ahora con bombos y platillos anuncia el Ministro del Interior. Una vez pase este escándalo, las cárceles volverán a ser el cálido segundo hogar de los parapolíticos.Y en cuanto a Juan Carlos Martínez, no se extrañen si se vuela de su reclusorio de alta inseguridad y aparece disfrazado de ‘marimonda’, en plena batalla de las flores, en el próximo Carnaval de Curramba.

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