Malaventura

Malaventura

Abril 20, 2018 - 06:19 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Cuando a un caleño promedio le mencionan la palabra Buenaventura, imagina un mundo lejano, extraño, que no tiene nada que ver con su realidad.

Se le olvida que Buenaventura está físicamente localizada a sólo 100 kilómetros de Cali. Pero más allá de esa proximidad, ambas ciudades están ligadas por una especie de cordón umbilical: lo que pase en la ciudad porteña repercute directamente aquí.

De hecho, la mayoría de los habitantes de los asentamientos subnormales de Cali provienen de allá. Ya sea porque son oriundos de ‘Tura’ o porque llegaron de otros puntos del Pacífico. Y como esa ciudad no les ofreció las mínimas condiciones para vivir terminaron llegando a la capital del Valle.

Mejor dicho, la única forma de evitar que Cali siga hinchándose es lograr que la gente de Buenaventura tenga unas condiciones de vida dignas para que no quiera salir corriendo de allí.

Pero ocurre que la vida allá esta muy lejos de ser digna: el agua solo sale del grifo durante cuatro horas al día, el único hospital es poco más que un puesto de salud; el desempleo ronda el 60% y la informalidad económica el 90%... Con lo cual, es entendible que muchos bonaverenses quieran salir corriendo de su tierra.

Las causas del drama secular que vive Buenaventura son múltiples: abandono del Estado, la violencia, la escasa inversión privada... Pero la detención de su alcalde, Eliécer Arboleda, ocurrida esta semana, nos recordó que detrás de todos esos fenómenos subyace un cáncer que es el verdadero responsable de la postración de la ciudad: la corrupción.

Y es que los pocos recursos que le llegan al municipio terminan en manos de sinvergüenzas como José Félix Ocoró, Saulo Quiñónez, Bartolo Valencia y Eliécer Arboleda, los cuatro últimos alcaldes que ha tenido esa ciudad y que no han podido terminar sus respectivos períodos por líos con la Justicia.

En los cuatro casos, los mandatarios estuvieron envueltos en malos manejos de recursos públicos. Como quien dice, se habrían metido al bolsillo la plata que iba destinada a mitigar los enormes problemas de SU ciudad. Pícaros.

La investigación contra el actual alcalde apenas empieza. Pero hay serios indicios de que se apropió de los dineros destinados a materializar uno de los mayores sueños de los bonaverenses: tener un hospital digno, que les ahorre el viaje que tienen que hacer a Cali cada vez que les duele la cabeza.

Los primeros responsables de que esos malos gobernantes sean elegidos son los bonaverenses que, por falta de cultura política o por física necesidad, venden su voto al mejor postor. Pero los cacaos de la política regional, que ven a Buenaventura como una fábrica de votos, también tienen una alta cuota de culpa. Ellos son los que cobijan y patrocinan a esos bandidos.

Son tan miopes nuestros políticos que permitieron que Alexánder López se apoderara del electorado bonaverense. El senador del Polo fue el único que apoyó abiertamente el paro de Buenaventura y los justos reclamos que hicieron entonces los porteños.

Los demás ni se dieron por enterados. Ni siquiera los que son oriundos de allá. Y por eso les pasaron factura en los comicios legislativos.
Tengo pocas esperanzas de que los políticos cambien el trato que le dispensan a Buenaventura.

Lo que sí espero es que los caleños entiendan, de una vez por todas, que si Buenaventura estornuda, Cali está expuesta a una pulmonía. Y, aunque sea por su propia tranquilidad, asuman la responsabilidad que tienen frente a una realidad tan cercana y dolorosa.

Sigue en Twitter @dimartillo

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