Mal partidos

Mal partidos

Agosto 31, 2017 - 11:55 p.m. Por: Diego Martínez Lloreda

El 87% de los colombianos tiene una opinión desfavorable de los partidos políticos.

Es tan negativa la imagen que proyectan esas desorganizaciones que en el escalafón que hace la encuesta bimestral de Gallup se ubican en el antepenúltimo puesto de favorabilidad, sólo superados por el ELN y Venezuela. Incluso, tienen peor imagen que las Farc, de la cual el 84% de los encuestados tiene percepción negativa.

Esa pésima opinión que tienen los colombianos de los partidos explica la proliferación de candidatos presidenciales que quieren inscribir su aspiración por firmas.

Pero lo cierto es que la imagen que tienen los colombianos de las colectividades políticas se corresponde con el desastre que son. Veamos.

En el Partido de la U, sus dos mayores electores, ‘Ñoño’ Elías y Musa Besaile, se encuentran envueltos en líos judiciales. El primero está preso, acusado de haber recibido una multimillonaria comisión de Odebrecht para ayudar a amañar una licitación. Y el segundo acaba de admitir que pagó $2000 millones de pesos para evitar que emitieran una orden de captura en su contra, dentro de la investigación que se le sigue por paramilitarismo.

Claro que la caída de este par de bellezas no es sorpresa. Cada vez que un desconocido aparece de la nada y obtiene una megavotación, se sabe que tras ese alud de votos no hay nada bueno. Mejor dicho, Musa y ‘Ñoño’ son los Juan Carlos Martínez de Sahagún.

Está tan en la olla ese partido, que a pesar de ser mayoría en el Congreso no fue capaz de encontrar un militante presentable para que fuera su candidato presidencial.

El Partido Conservador, además de estar dividido entre enmermelados y viudos del poder, tiene por presidente a un cacique huilense, Hernán Andrade, acusado de pagar $2300 millones para que le archivaran una investigación por haberse apropiado de unos dineros de Cajanal. Y el hombre sigue tan campante al frente del partido.

Cambio Radical huele tan feo, que hasta su amo y dueño, Germán Vargas Lleras, decidió marcar distancia de él e inscribir su candidatura por firmas. Con razón. Nadie quiere representar al partido que avaló la candidatura de ‘Kiko’ Gómez, el exgobernador de la Guajira condenado a 40 años de prisión por homicidio. Para mencionar uno solo de los impresentables bendecidos por Cambio Radical.

El Centro Democrático, más que un partido parece una secta que le rinde culto a su jefe, el expresidente Álvaro Uribe. Es un partido caudillista que durará mientras dure Uribe, dueño absoluto de los votos de la colectividad. Y que corre el riesgo de repetir con el candidato que escoja lo que ocurrió con Juan Manuel Santos.

Sea cual sea el aspirante del CD, de llegar a ganar las elecciones lo hará con votos ajenos. El problema es que el político es muy aconductado en campaña, pero cuando gana las elecciones se percata de que el que va a gobernar es él, y pretende hacerlo con su propia agenda. Y manda al chorizo al dueño de los votos. ¿Santos II?, qué pereza.

El Liberal, es un partidito fragmentado en una serie de proyectos personales; el Polo, fiel a la tradición de la izquierda criolla, se dividió debido al ego de sus máximos dirigentes, Jorge Robledo y Clara López.

Ese es, a grandes rasgos, el triste panorama de nuestros partidos. Del cual se concluye: 1. La nefasta imagen que tienen los colombianos de ellos concuerda con lo que son. 2. El 13 % de despistados que aún cree en ellos debe vivir en la Guajira, Sahagún o el Huila.

Sigue en Twitter @dimartillo

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