Los pícaros nos ganaron

Los pícaros nos ganaron

Enero 20, 2017 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Me causan profunda desconfianza los políticos que enarbolan como bandera electoral la lucha contra la corrupción.Recuerdo, por ejemplo, los pactos anticorrupción que firmaron en campaña, entre otros personajes, Apolinar Salcedo y Juan Carlos Abadía, que luego fueron destituidos por incurrir en las prácticas de las que abjuraron cuando suscribieron esos pomposos pactos.Ahora se puso de moda la lucha contra la corrupción. Moda que, por cierto es cíclica, como la minifalda, que cada tanto se vuelve a poner en furor.Entre quienes han decidido adueñarse de esa causa, sin duda pensando en las elecciones del año entrante, están varios políticos, encabezados por la estridente Claudia López. Y con ese fin, han propuesto la realización de un referendo para que el ‘pueblo’ avale una serie de medidas tendientes a darle el jaque mate a la corrupción.Ese tal referendo no tiene futuro. Para realizarlo hay que recolectar cinco millones de firmas. Y si las consiguen, para que sea aprobado se requieren once millones de votos. Votación que nadie ha obtenido en el país. Los promotores de esta cruzada tienen claro que lo del referendo es una utopía. Pero es lo de menos. Lo importante es atrapar con la red de la lucha anticorrupción al mayor número de votantes para los comicios del 2018. En los que la estridente Claudia ya anunció que será candidata.Y así el referendo salga victorioso, las medidas que contiene muy poco van a contribuir a sanear nuestra política. La primera propuesta que plantean es que los miembros de las corporaciones públicas, Congreso, Asambleas y Concejos, puedan ser elegidos, máximo para tres períodos.Loable iniciativa que no tendrá ningún impacto. Tal como ocurrió con los parapolíticos, las mafias políticas (sus integrantes las llaman organizaciones) tienen muchos recambios para sus fichas en esas corporaciones: esposas, hijos, cuñados, sobrinos... O sea, la cara tras la curul cambia, pero la organización que pone los votos para que ese personaje sea elegido es la misma. Al igual que sus intenciones.La propuesta de que los funcionarios, antes de posesionarse y mientras estén en el cargo, hagan públicas sus declaraciones de renta es igual de inocua. No he visto un pícaro tan ingenuo como para meter en su declaración los bienes que obtuvo ilícitamente. Para eso hay testaferros.Si me preguntan, entonces, qué hacer para extirpar del cuerpo del Estado el cáncer de la corrupción, con toda honestidad debo declarar que no se me ocurre remedio alguno.Por desgracia, la corrupción en este país ya tiene dimensión de cultura. Es la norma. Los escasos funcionarios probos son vistos como unos estúpidos que no aprovechan sus cargos para beneficio propio. Ellos son los raros.Ni siquiera las sanciones y los carcelazos que se les han aplicado a quienes son sorprendidos con las manos en la masa sirven para amedrantar a los bandidos. Lo que piensa un corrupto cuando pillan a otro no es que hay que enderezarse, sino que hay que afinar las medidas para que no lo atrapen.Ni siquiera el sancionado aprende la lección: lejos de arrepentirse, se enfurece porque siente que lo usaron de chivo expiatorio, pues sus pares, él lo sabe, son igual de pillos.Seamos realistas. La guerra contra la corrupción está perdida. Aceptarlo tal vez sea el primer paso para que algún día nos decidamos a dar una batalla frontal y a muerte contra este flagelo.Sigue en Twitter @dimartillo

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