Ley para la selva

Agosto 03, 2017 - 11:55 p.m. Por: Diego Martínez Lloreda

En las ciudades civilizadas, la gente barre de la calle hacia la casa. Y en las incivilizadas se barre en sentido contrario, es decir, se echa el mugre de la casa a la calle.

Obviamente Cali está en la segunda categoría. La mayoría de los caleños tienen la casa como una tacita de plata y saben comportarse de puertas para adentro. Pero atraviesan el umbral de la puerta y se vuelven unos salvajes.

Por eso, celebro la entrada en vigencia del Código de Policía, que aplica multas de entre $98.362 y $ $786.898 a quienes alteren la convivencia ciudadana: si en algún sitio requerimos garrote para que aprendamos a comportarnos es aquí.

La gente saca los perros y no se molesta en recoger sus necesidades; otros pasean sus mastines sin bozal. Y al perro tampoco se lo ponen; arman furrusca por cualquier pendejada; los carretilleros tiran los escombros en cualquier parte; diariamente 5 mil personas se cuelan en el MÍO; la gente arma fiestas eternas y le importa un comino no dejar dormir a los vecinos.

En fin, estamos en la selva y por eso hay que aplicar una ley para la selva.

Quedan dudas de cómo se hará para recaudar el producido de esas sanciones. Explican las autoridades que los morosos por este concepto quedarán impedidos de contratar con el Estado, para conseguir un cargo en el sector público o para tramitar el certificado de Cámara de Comercio de su empresa.

Pero ocurre que la mayoría de los mortales no contratan con el Estado, ni clasifican para cargos públicos ni tienen empresas. Entonces, habrá que diseñar mecanismos más drásticos para obligar a los infractores a pagar.

De todas formas, la expedición de este código va en el sentido correcto. A pesar de lo que digan los inefables defensores de derechos humanos, que ya han puesto el grito en el cielo porque, según ellos, este Código atenta contra esos derechos.

¡Mamola! Lo que atenta contra tales derechos es la incultura, la grosería y la falta de disciplina de algunos. Y quienes están preocupados por el ‘excesivo’ costo de las multas, basta que se comporten civilizadamente y no tendrán que pagar nada.

Ahora, aunque aplaudo la adopción de ese código, no estoy de acuerdo con algunas de las conductas que se han incorporado como sancionables ni con algunos de los montos de la multas.

Por ejemplo, sancionar con $393.449 a quienes sean sorprendidos cometiendo actos sexuales en la vía pública es exagerar. Obviamente, la gente no puede convertir un parque en un motel, pero sería bueno precisar qué se entiende por acto sexual y, porqué no, establecer una escala de multas.

Porque no es lo mismo que una pareja sea sorprendida en pleno merequetengue en una esquina a que un par de enamorados se les vaya la mano en caricias en plena vía pública.

También me parece exagerado pagar $786.898 por orinar en la vía pública. Sin contar con que la mayoría de ‘meones’ son habitantes de calle a los que no hay cómo cobrarles. Además, urge que la Alcaldía dote a la ciudad de baños públicos para que la gente haga sus urgencias. Sin existir esa infraestructura es injusto cobrar a la gente para que no vuelva el andén un orinal.

En fin, el Código perfecto no es, pero sí puede contribuir a que la gente se aconducte, nos aconductemos, así sea por miedo a las sanciones.
Ojalá algún día no tengan que multarnos para que nos portemos bien. Pero, en Cali, ese día aún está lejano.

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