La ruleta de la paz

Septiembre 07, 2012 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Dicen los que conocen bien a Juan Manuel Santos que al Presidente le gusta apostar duro, dentro y fuera del casino. Jugarse los restos al rojo o negro en la ruleta y ganar o perderlo todo. En la pasada campaña electoral, Santos ya dio muestras de ese arrojo. Apostó una carta riesgosísima, pero ganadora: la de la sucesión de Álvaro Uribe. Vargas Lleras y Noemí, sus principales rivales, se quedaron fuera del juego por precipitarse para destapar su juego. Santos se quedó quieto y jugó a que la Corte Constitucional declarara inexequible la reelección de Uribe. Apuesta del todo o nada, porque si la Corte le da vía libre a una nueva candidatura de Uribe, Santos jamás hubiera llegado a la Presidencia.En el 2010 le hubiera tocado estar a la sombra de Uribe y para el 2014 ya tendría más de 60 años y su cuarto de hora habría pasado. Pero Santos se jugó la carta de la lealtad, una que poco conoce, y ganó la partida a pesar de que el expresidente hubiera preferido ungir a alguien más cercano a sus afectos. Pero Santos era el único que estaba disponible. Lo que ocurrió después ya es del dominio público.Al completar dos años en la Presidencia, Santos decidió volver a jugarsela toda. Las circunstancias lo ameritaban. En el ecuador de su mandato, su reelección estaba más que embolatada. Perdió los votos del uribismo, que lo llevaron a la Presidencia, y su favorabilidad decrecía encuesta tras encuesta, por cuenta del inocultable deterioro del orden público y por la falta de norte de su gobierno. Optó, entonces, por jugarse la carta más arriesgada de todas: la de la paz. Él sabe que todos los que se la han jugado previamente se han quemado. Pero también tiene claro que si la movida le llega a salir bien, asegurará no sólo la reelección sino un lugar muy importante en la historia del país.Hay que reconocerle a Santos su intuición política. Él percibió antes que nadie que el péndulo de la opinión había vuelto a desplazarse hacia una solución negociada. Así lo han corroborado todas las encuestas realizadas luego de que trascendieran los acercamientos entre el gobierno y las Farc. Venía preparando esa carta con el mayor sigilo desde el comienzo de su gobierno y preparándola para sacarla el momento preciso. Y el momento llegó.En lo personal mantengo el escepticismo acerca de esta negociación. Sigo creyendo que para que un negocio se concrete debe convenirle a las dos partes que intervienen en él. Y aún no observo la ganancia que pueden sacar las Farc de abandonar las actividades ilícitas que tantos réditos les dejan.Pero ese es otro tema. La verdad es que la apuesta política de Santos es audaz y oportuna. Eso no se puede negar. Esta carta es la única que le puede salvar un juego que tenía absolutamente perdido.Independientemente de la suerte que corra la negociación, su mero anuncio sirvió de revulsivo a un Gobierno que se estaba yendo a pique. Y por supuesto también le vino bien a las Farc. Ese negocio, el de dialogar, sí les conviene a ambas partes.En el caso de Santos, si no recurría a esta carta, lo más probable es que de todas formas no pudiera hacerse reelegir. Con lo cual, no tenía mucho que perder y sí mucho que ganar. Y oportunidades como estas un avezado tahúr como Santos no las deja pasar.

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