La rebelión de las masas

Enero 31, 2014 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Como Luis Guillermo Restrepo, yo esperaba que la Convención Conservadora fuera un lánguido acto de entreguismo del partido a la causa de la reelección santista. Pero ese domingo el pueblo conservador le dio un portazo a la mermelada y optó por el incierto, pero estimulante, camino de la dignidad.Los congresistas conservadores, quienes prepararon la convención con el fin de que fuera un mero trámite para protocolizar la claudicación en favor de Santos, creían tener todo bien atado. Y jamás imaginaron que la base conservadora, en un acto masivo de sensatez, iba a decidir que el partido debía tener candidato propio para la Presidencia, en lugar de ser un apéndice del santismo. Siempre será preferible para una organización política perder luchando para convencer al electorado que sus postulados son los que más le convienen, que resignarse a aceptar las migajas de poder que un tercero le quiera dar. Y no solo acertaron los convencionistas conservadores al tomar esa decisión, porque un partido que renuncie a disputar el poder está simplemente muerto, sino que, por encima de todo, acertaron con la persona seleccionada.Martha Lucía Ramírez conoce por dentro el funcionamiento del Estado --ha sido ministra de Comercio Exterior, de Defensa y Congresista-- es honesta, preparada, ponderada, coherente, sensata y renunció a una exitosa carrera en el sector privado, para servirle al país. Mejor dicho, no se metió a la política para enriquecerse, como buena parte de nuestros hombres públicos, sino para empobrecerse. ¿Qué más se le puede pedir a un gobernante?Estoy convencido de que ese acierto gradualmente se verá reflejado en las encuestas, en las que el nombre de Martha Lucía irá ganando adeptos en un país que siempre ve con simpatía los gestos de independencia y de coherencia política.Pero no solo ganó el Partido Conservador con esta decisión. La llegada de esta candidata es una sustancial ganancia para una contienda electoral que se vislumbraba gris y que se proyectaba como un camino sin sobresaltos a la reelección de Juan Manuel Santos.Ahora el candidato-presidente enfrenta a una rival de peso. Y los electores podrán escoger entre dos visiones de país, dos estilos para gobernar y dos vías para asumir el proceso de paz.Incluso, el aterrizaje de Martha Lucía es bueno para el propio Santos, pues si resulta elegido el 25 de mayo ya no será por doble ‘U’ sino porque logró convencer a los votantes de que sus propuestas son mas convenientes para el país que las de su contrincante. Lo que, a no dudarlo, le dará mayor legitimidad.Los perdedores con la decisión de la Convención Conservadora son los congresistas del partido que se empecinen en mantenerse bajo el ala del Gobierno. Ellos sacarán mil argumentos para justificarse, pero en el imaginario colectivo ya quedó que la razón de esa sospechosa lealtad es la mermelada santista.Estoy convencido, sin embargo, de que en la medida en que las encuestas vayan mostrando el crecimiento de la candidata conservadora, la cifra de parlamentarios que apoyen esa aspiración también crecerá. Y por sensatez, o por oportunismo, se irán ubicando del lado que les señaló la Convención del partido.Lo que corroboró el rumbo que decidieron darle los convencionistas al Partido es que, como afirmó Jorge Eliécer Gaitán, el pueblo es superior a sus dirigentes.

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