La noche del terror

La noche del terror

Noviembre 03, 2017 - 12:12 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

“En algunos caleños hay una actitud de desafío a la autoridad. No puede ser que la gente tenga que funcionar bajo la amenaza del poder coercitivo de la autoridad. La gente permite validar la celebración convirtiéndola en desorden, caos, en invasión del espacio público, en daños a propiedad pública, en conductas que alteran la convivencia”.

Ese fue el dramático testimonio que dio María Ximena Román, secretaria de seguridad y convivencia de Cali, tras el relajo desbordado que se vivió en la ciudad, durante la noche del hallowen, que más bien fue una noche de terror.

Esa noche y el fin de semana anterior, cuando también se festejó el halloween, se impusieron en Cali 2859 comparendos, 445 vehículos fueron inmovilizados, hubo una emergencia en un centro comercial por la quema prohibida de pólvora, caravanas de motociclistas causaron un caos vial y fue preciso cerrar el túnel de la Avenida Colombia, para evitar desmanes.

El halloween se volvió otra celebración de alto riesgo en Cali. Como el día de la madre, o los festejos de los triunfos de la Selección Colombia. En estos días como que sale el demonio que muchos caleños llevan por dentro y más de uno se convierte en bestia. Y que me perdonen las bestias.

Se presenta en esas celebraciones un fenómeno de masas digno de análisis en una escuela de sociología: decenas de personas se suben a una moto, por ejemplo, y se convierten en un monstruo de mil cabezas que hace lo que se le da la gana: piques suicidas en el túnel de la Avenida Colombia, se meten en contravía por todas las calles, se les olvida la prohibición del parrillero hombre y la obligación de andar con casco y chaleco, andan en zig zag a toda mecha...

Muchas personas que cuando andan en solitario acatan la ley, al sumarse a la masa enloquecen y se convierten en unos antisociales que se pasan todas las normas por la faja.

No pasa solo en esas celebraciones. Qué tal las caravanas fúnebres de motocicistas que se organizan cuando matan a un ‘líder’ de una pandilla: tapan las vías, se enfrentan a quien no les haga caso, roban espejos de los carros.

Para ser justos no solo ocurre con los motociclistas. Cuando la Policía cierra la calle primera, entre calles 20 y 24, los carros se meten por la segunda, en contravía y a toda velocidad. Todo para ahorrarse una cuadra, por que la tercera es en el mismo sentido de la primera.

Lo cierto es que muchos caleños no solo irrespetan la autoridad sino que la desafían, como dice la Secretaria. Sobre todo cuando actúan en masa. No les basta con violar todas las normas de tránsito y de convivencia sino que les gusta hacerlo en las narices de la Policía. Y cuando la Policía actúa, arremeten contra ella. Grave signo de salvajismo porque en cualquier país serio a quien ose agredir a un representante de la autoridad se le va muy honda.

No tengo duda de que esta situación es producto del excesivo garantismo del que gozan los ciudadanos aquí. Porque el agente que no cumpla un procedimiento al pie de la letra se le viene el mundo encima. En cambio si un energúmeno agrede un policía, un juez de garantías lo suelta de inmediato.

Esa impunidad hizo que la gente le perdiera el miedo a la autoridad y a la ley. Posiblemente, tardaremos generaciones en recuperarla.
Por lo pronto, que la Policía y los jueces se pongan de acuerdo para aplicar mano dura contra esas hordas que desafían la autoridad impunemente y que ponen patas arriba la ciudad cada vez que les viene en gana.

Sigue en Twitter @dimartillo

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