La muerte te sienta muy bien

Agosto 03, 2012 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Si vivieras hoy, tendrías 86 años. No quiero ni imaginarte, Marilyn. De seguro serías una anciana triste, luchando cada hora, cada minuto de su vida contra el angustiante paso del tiempo. Como cualquier Amparo. Serías una actriz más olvidada por Dios y por el mundo. Tu ocaso habría sido paulatino y tu imagen de diva sensual se habría marchitado con una lacerante lentitud.Aunque suene cruel, lo mejor que te pudo pasar, Norma Jeane, fue haber muerto en el cenit de tu gloria. Gracias a esa muerte prematura tu imagen se detuvo en el tiempo y para la historia quedaron congelados tus labios rojos, tu pelo color platino, y tus inquietantes curvas.Las circunstancias de tu muerte nunca se aclararon. Mejor para ti: ese misterio contribuye a alimentar tu mito. Al fin y al cabo lo que interesa son las circunstancias de tu vida.Fuiste hija de una madre esquizofrénica, tuviste una infancia infeliz en un orfanato y después deambulaste de hogar en hogar. Para huir de tus miserias te casaste con un marinero desconocido que te golpeaba. Con Joe Dimaggio, el gran beisbolista de los Yankees de Nueva York, conformaste una pareja tan glamourosa como desdichada. Luego, de seguro en el afán de librarte de esa imagen de rubia tonta que Hollywood te creó, te casaste con uno de los grandes intelectuales de la época: el escritor Arthur Miller. La relación no prosperó: él no supo entender tu salvaje belleza y tu no supiste comprender su neurótica inteligencia. Tus verdaderos amores fueron clandestinos: el cantante Frank Sinatra y Bob Kennedy, otro joven eterno gracias a su muerte precoz. Las tristezas de tu vida te marcaron y fuiste una mujer insegura y depresiva que abusó de los medicamentos y que fue abusada por sus sucesivos mentores. Fuiste regular actriz y peor cantante. Tu historia fílmica está compuesta por unas películas mediocres que sólo trascendieron porque les diste brillo con tu perturbadora sensualidad.Muchos se preguntarán si fuiste un ser humano tan complejo y una artista tan normalita, porqué 50 años después de tu muerte sigues siendo el mito más grande de la industria cinematográfica. Tu rutilante belleza no basta para explicar ese extraño fenómeno. Antes y después de ti hubo cientos de mujeres tan o incluso más hermosas, que hoy nadie recuerda.Sin duda esa sensualidad animal que transpirabas por cada uno de tus poros y esa curiosa mezcla de explosiva sexualidad con indefensión que supiste proyectar hizo que los machos sobreprotectores de todo el mundo enloquecieran por ti.Pero sin duda, lo que te proyectó a la inmortalidad fue, vaya paradoja, tu muerte prematura. Como le ocurrió a Gardel, a Kennedy, a Evita, a Lady Di, y a todos los que se apagaron cuando más brillaban.Esa muerte temprana te permitió burlar el ciclo natural, nunca envejeciste y conservaste para siempre tu encanto juvenil. La muerte te sentó divinamente. Tenía razón Andrés Caicedo: vivir después de los 30 años es una insensatez y quienes la cometemos estamos condenados a repetirnos.

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