La ley no es para bailársela

Julio 02, 2010 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Que la salvaje agresión de la que fue víctima el hijo de Ricardo Cobo haya ocurrido en Bamboleiro no es casualidad. Ese establecimiento es escenario muy propicio para que se presenten tal tipo de incidentes. Por la sencilla razón de que mientras las demás discotecas y clubes nocturnos de la ciudad cierran a las dos de la mañana, por orden de la Ley Zanahoria, Bamboleiro, ubicado en pleno corazón de la ciudad, opera hasta que sale el sol, gracias a alguna leguleyada. Mejor dicho, Bamboleiro está exenta de cumplir una ley que todos sus colegas acatan, lo que constituye una flagrante violación del principio de igualdad que rige a todas las personas y a todas las empresas de este país. La filosofía que hay tras la Ley Zanahoria, vigente hace años en la ciudad, es simple: mientras más temprano se acabe la rumba, menos licor consume la gente y, por ende, hay menos oportunidad de que se presenten conflictos. Porque, está demostrado, el mejor inductor de la violencia es el trago. Y como en Bamboleiro la rumba acaba tarde o no se acaba, es un espacio propicio para las peleas. Y para otros excesos que van de la mano con el consumo desmedido de alcohol.Así lo admite el propio administrador de Bamboleiro cuando dice que “en todo sitio de diversión hay roces por el grado de alcohol en el que llegan las personas”, y a más cantidad de alcohol, mayor posibilidad de roces. Además hay que aclararle al señor que las personas no llegan borrachas a las discotecas sino que, precisamente, van a esos sitios a emborracharse.¿Habrá que esperar que allí ocurra una tragedia irreparable para que las autoridades obliguen a ese negocio a respetar el horario que rige para los demás rumbeaderos de la ciudad? Y si no pueden hacerlo, que acaben la Ley Zanahoria, pues ésta no arrojará nunca los resultados esperados, mientras existan ‘islas’ como Bamboleiro, en donde la rumba no tiene límites. Pero si a Bamboleiro hay que ponerlo en cintura, a los desadaptados que agredieron de forma tan brutal a Juan Pablo Cobo debe caerles todo el peso de la ley. Y los primeros interesados en ello deben ser sus padres. Esos muchachos apenas están empezando a vivir y si se les aplica un castigo ejemplarizante, entenderán que lo que hicieron estuvo pésimo y muy seguramente no volverán a incurrir en ese tipo de comportamientos. Pero si los padres de estos muchachos asumen una actitud encubridora, de pronto los libran de esta sanción, pero no aprenderán la lección y les estarán abriendo el camino para que más adelante cometan faltas aún más graves.Y, de paso, ojalá revisen la forma como educaron a sus hijos, porque resulta injustificable que ‘pelados’ formados en los mejores colegios y en los hogares de más lustre tengan comportamientos tan salvajes.***No se sabe quien hizo más el oso, si Juan Carlos Abadía con el espantoso cuadro que le regaló al presidente Álvaro Uribe, o el Mandatario recibiendo semejante lobería y dejándose condecorar por un gobernador subjúdice. Lástima que Uribe, que tanto hizo por el Valle, se despida del departamento con semejante ‘cuadro’.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad