La jugada de Santos

Febrero 17, 2012 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

El sabio presidente de una empresa multinacional decía que a cualquier ejecutivo que tuviese un handicap bajo en golf había que echarlo, porque eso significaba que tenía mucho tiempo para practicar el adictivo deporte.Esa máxima se me vino a la cabeza cuando vi al presidente Juan Manuel Santos ‘parchado’, jugando golf en el Country Club de Bogotá, con Bill Clinton. Y no es que esté pidiendo la cabeza de nuestro mandatario porque tiene un buen ‘swing’. Hasta allá no llego. Pero sí me parece, por decir lo menos, un acto de innecesaria frivolidad por parte de Santos darse esa pantalla, en un país tan enredado. ¡Sólo faltó que hubiera puesto a Angelino de cady y al Mindefensa a contar los golpes!Entre otras cosas, entre Clinton y Santos existe una pequeña diferencia: el buen Bill vive en uso de buen retiro y, si le da la gana, puede jugar 36 hoyos de golf diarios. En cambio Juan Manuel está en plena actividad presidencial y debe afrontar tantos líos que no puede darse el lujo de malgastar un minuto. Importa poco que la exhibición del Presidente tuviera un objeto benéfico, recaudar fondos para los damnificados por el invierno, según dicen. Ese noble fin no alcanza a tapar el mensaje que con esas imágenes le manda al país nuestro Primer Ciudadano.¿Qué pensará un soldado que se juega la vida en cualquier pueblo caucano, al ver en la primera página de un periódico a su Comandante Supremo pegándole al golf, en pleno miércoles? Tampoco creo que la situación del país dé como para que nuestro Presidente invierta cuatro horas -que es que lo normalmente demora un jugador recorriendo los 18 hoyos de un campo de golf- en mitad de la semana. Me late que Santos, que de tonto no tiene un pelo, se percató de su imprudencia. Porque cuando un periodista, al terminar su ‘match play’ con Clinton, le preguntó cómo le había ido, el Presidente contestó que “para llevar dos años sin practicar, no me fue mal”.Con esa respuesta, Santos envío el mensaje de que sus ocupaciones como Jefe de Estado no le han dejado tiempo para practicar el golf. Y que lo de ese día era una excepción. Lo cual no parece ser del todo cierto, pues según me cuentan, más de un domingo el hombre le saca un tiempo a la jugadita de Golf en el Country, de donde es socio antiguo, o en uno de los campos que hay en Anapoima. Y no es que Santos no tenga derecho a descansar. O que esté descuidando sus responsabilidades por bajar su handicap. Lo que pasa es que aquí estábamos acostumbrados a un presidente que trabajaba 20 horas del día, los siete días de la semana. Porque ni el más acérrimo de los antiuribistas podrá desconocer la capacidad de trabajo y la dedicación de Álvaro Uribe.¿O es que alguien imagina a Uribe jugando golf un miércoles, por cualquier causa? Primero, no debe haber cogido un palo de golf en su vida. Y segundo, él no perdía el tiempo en esas frivolidades. Lo máximo que hacía era exhibir sus habilidades como chalán, montando un caballo mientras sostenía una taza de tinto. La esposa del César no sólo debe ser fiel sino además parecerlo. Santos, que de seguro es un gobernante dedicado a sus tareas, debe tener en cuenta ese milenario adagio para no proyectar la equívoca imagen de un ‘clubman’ jugando a ser Presidente.

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