La derrota es huérfana

La derrota es huérfana

Octubre 30, 2015 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

En las elecciones para la Alcaldía de Cali, Maurice Armitage arrasó, sobretodo, gracias a que fue auténtico y no les paró bolas a los asesores que querían convertirlo en algo que no es.Lo primero que aterraba a los ‘gurús’ que rodeaban al hoy Alcalde electo era que lloraba mucho. E interpretaban que con esa ‘berriadera’ Maurice transmitía un mensaje de debilidad. Así lo creyeron también algunos de sus rivales.Craso error. A la gente le encantó que Armitage llorara, como ellos, y lo interpretaron como un síntoma de la enorme sensibilidad que el hombre posee. Me atrevería a asegurar que por cada lágrima que vertió en la campaña, el nuevo alcalde consiguió, como mínimo, un voto.El éxito de Armitage consistió, precisamente, en que gracias a esa autenticidad logró conectar con el caleño de a pie, que lo sintió como alguien igual a él. Con lo cual, hay que decir que los 264.118 votos que obtuvo en las urnas son de él. Mucha gente sumó en ese propósito, pero esa votación tan alta se logró, fundamentalmente, porque Maurice fue un gran candidato.Lo opuesto de Roberto Ortiz, quien en su afán de demostrar que no era el populista ignorante que muchos creían, se aprendió tantas cifras y se libreteó tanto, que se veía totalmente postizo y sobreactuado, que es lo peor que le puede pasar a un político.En cuanto a Angelino, su catástrofe electoral no se debió a la guerra sucia que, según él, sus opositores le montaron, sino a la cadena de errores que él solito cometió.El primero de ellos, la duda que por meses mantuvo entre si era candidato en Bogotá o Cali y el segundo, dejarse apadrinar por Roy Barreras. Para colmos, ya al final se puso a pregonar que, de llegar a la Alcaldía, todas las decisiones las iba a consultar con su esposa. Me cuenta José Luis Pérez, el cerebro político de la campaña de Armitage, que ese mensaje cayó fatal en los barrios, pues, por machista que suene, la gente no está dispuesta a elegir a alguien que se deja manejar por su mujer.Pero la mayor equivocación de Angelino fue dejarse guiar por las encuestas iniciales que lo mostraban con una intención de voto superior al 40% y creer que estaba elegido. Era tanta su sobradez que no permitió poner vallas y hacer publicidad en los medios sino al final de la campaña, cuando se dio cuenta que su aspiración se había desinflado. A un inmenso costo, Angelino aprendió que en política no hay nadie invencible.Que fue lo que Christian Garcés nunca entendió. Ciertamente a este candidato a la Gobernación le fue muy bien en los comicios. Los 350.000 votos que obtuvo no estaban en los presupuestos de nadie.Pero si Christian se hubiera tenido un poco más de fe y se hubiera convencido de que Dilian Francisca Toro era derrotable, habría conquistado a un buen porcentaje de los casi 270.000 vallecaucanos que votaron en blanco. Y de golpe ganaba.Pero su campaña fue tímida y muy dirigida al votante caleño. Le faltó meterse más a la provincia vallecaucana, a los pueblos donde el mensaje de que ‘los honestos somos más’ no basta para seducir al electorado.Lo cierto es que al ver la cantidad de gente que hoy se proclama dueña del triunfo de Armitage y la soledad en la que quedaron el ‘Chontico’ y Angelino, tras los comicios, me queda más claro que nunca que el triunfo tiene muchos padres y la derrota es huérfana.

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