La caída de Santos

Marzo 01, 2013 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Desde las épocas del Gobierno de Andrés Pastrana y del desastre del Caguán no sucedía que la opinión desfavorable sobre un presidente colombiano fuera superior a la favorable.Pues ocurre que en la más reciente encuesta bimestral de la firma Gallup, el 47% de los consultados dijo tener una opinión desfavorable de Juan Manuel Santos frente a un 44% que manifestó tener una opinión positiva del Mandatario. Ese dato, a un año largo de las elecciones presidenciales, debe tener al borde de un ataque de nervios a los inquilinos del Palacio de Nariño.Santos es consciente de que su popularidad está de capa caída y atribuye la situación a problemas de comunicación y de imagen. Y en parte tiene razón. Por ello, en los últimos meses relevó al Jefe de Prensa de Palacio y a al Alto Asesor en Comunicaciones. Es insólito, por ejemplo, que el Presidente haya llegado en plan de vedette, manejando un jeep y saludando a diestra y siniestra, a una reunión con unos cafeteros que estaban furiosos por la crisis que atraviesan, como si llegara al Carnaval de Barranquilla. El mismo asesor que le hizo meter las patas de manera tan flagrante debe ser el que lo está poniendo a hacer el oso a lo largo y ancho del país, asumiendo actitudes populistas que a él, un cachaco de alta estirpe, no le quedan. En ese plan, Santos se ve postizo.Pero el problema no es sólo de imagen. Esta administración parece gobernar más a punta de golpes de opinión que de estrategias sostenidas. Un día anuncia las 100.000 casas gratis, el otro un proceso de paz y el otro la reforma a la salud. Y a estas alturas, cuando Santos está a punto de cumplir tres años en la Presidencia, aún no sabemos cuál es su estrategia central.El Gobierno de Uribe se recuerda por su seguridad democrática, el de Pastrana por sus intentos de paz, el de Gaviria por la apertura económica. Pero aún ignoramos porqué Santos aspira a pasar a la historia.Además, si a Uribe se le criticaba su microgerencia y su excesiva injerencia en temas menores, a Santos parece írsele la mano en delegar. Y en ocasiones se siente la ausencia de un liderazgo más claro. Cómo es posible, por ejemplo, que los ministros de Salud y Trabajo se embarquen en una competencia a ver cuál de los dos convence al Congreso a que tramite primero su reforma.Y que el Gobierno se someta al desgaste de anunciar una reforma pensional, que tiene su costo popular porque toca un tema muy sensible para los trabajadores, para que luego diga que le dará prioridad a la reforma a la salud.Otro error que comete Santos es pararle tantas bolas a los ataques de sus enemigos, en especial del expresidente Uribe, a quien graduó como jefe de la oposición. Ello lo lleva a distraerse y a dedicarle el tiempo que debería invertir en corregir el rumbo, en responderles a sus contradictores. El resultado de la encuesta de Gallup es un campanazo para un presidente que sigue siendo el gran favorito para imponerse en los comicios del 2014. Primero porque dispone de una frondosa chequera para conquistar adeptos y segundo porque no hay rivales de peso a la vista.Pero si la imagen de Santos no repunta, puede aparecer un gallo tapado que capitalice la situación y le trunque al Presidente su sueño reeleccionista.

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