Justicia espectáculo

Febrero 10, 2017 - 02:04 p.m. Por: Diego Martínez Lloreda

“En el 99% de los casos, las pruebas para esclarecer un crimen se recaudan en las primeras 72 horas que pasan luego de que este ocurre”.Así lo advierte Gustav Morrell, el viejo investigador que dedicó 30 años de su carrera a tratar de esclarecer el presunto asesinato de Harriet Vanger, cuya misteriosa desaparición es el eje del fascinante libro ‘Los hombres que no amaban a las mujeres’. Me pregunto qué hubiera dicho el veterano sabueso al enterarse de que en un remoto país llamado Colombia, una jueza condenó a un militar a 30 años de prisión por un crimen ocurrido 25 años antes. Y con pruebas recopiladas muchos años después de acontecidos los hechos.No creo que la jueza tenga las habilidades investigadoras de Mikael Blomkvist, el obstinado periodista que protagoniza ese libro y que al final descubre lo que le ocurrió a Harriet Vanger. Entre otras cosas porque a pesar de la severísima condena que le impuso al coronel Plazas Vega, esa señora no despejó el misterio de lo que les ocurrió a las 11 personas que presuntamente salieron vivas del Palacio de Justicia y cuya desaparición le achacan al entonces Comandante de la escuela de caballería de Bogotá.El juicio contra el coronel y la durísima sanción que le impusieron no es más que un triste espectáculo mediático, con el que la justicia criolla pretende demostrar su eficacia ante los ojos del mundo. Y, de paso, complacer el insaciable hambre de ‘milicos’ que tienen algunos extremistas que se hacen pasar por defensores de los derechos humanos. Cuyo verdadero fin parece ser desprestigiar a las Fuerzas Militares, porque cada vez que un soldado comete un abuso ponen el grito en el suelo, pero cuando el abusado es el soldado no dicen ni mú. ¿O será que alguna vez uno de esos barbudos protestó por el interminable cautiverio al que las Farc someten a un puñado de humildes policías?El proceso seguido contra Plazas Vega genera más inquietudes que certezas. Y si es malo que un crimen quede en la impunidad, peor lo es que se condene a alguien sin pruebas suficientes. Y pruebas sólidas en este caso no puede haber, porque los cuerpos de las supuestas víctimas no aparecieron nunca. Con lo cual no hubo autopsia ni ninguna prueba científica que aportara luces sobre las causas de los decesos ni mucho menos sobre los autores de esos asesinatos. Lo único que hubo fue unos testimonios de algunos supuestos testigos que callaron durante mucho tiempo y de pronto se acordaron de unos crímenes que no se le olvidarían a nadie.Tan cuestionable como la condena a Plazas es la petición de que se investigue al entonces presidente Belisario Betancur, a quien se le puede achacar alguna responsabilidad política, por omisión, por lo ocurrido en la retoma militar del Palacio, pero que no tenía ni cómo enterarse de la supuesta desaparición de esas 11 personas que sobrevivieron a ese asalto.Comparto la tristeza que expresó el presidente Uribe por la condena a un militar, que con excesos o sin ellos, se jugó la vida por rescatar un símbolo de nuestra democracia. Y más me apena que el único condenado por esos hechos sea un soldado cuya responsabilidad, así se haya equivocado mucho, jamás se podrá equiparar a la de quienes urdieron ese criminal ataque.

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