Indignación o morbo

Diciembre 08, 2016 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Que es arquitecto. Que tiene 38 años. Que estudió en el Gimnasio Moderno, de donde se graduó hace 20 años, y de la Javeriana. Que es soltero. Que tiene un hermano que trabaja en Brigarrrrd y Urrrrrutia, prestigioso bufete de abogados capitalino... Todo eso, y mucho más, sabemos de la vida de Rafael Uribe Noguera, PRESUNTO violador y asesino de la niña Yuliana Andrea Samboní, gracias al inusitado despliegue que los medios le han dado al caso. (Infortunadamente aquí vivimos de tragedia en tragedia: pasamos del accidente del avión del Chapecoense, a la violación de Yuliana. ¿Cuál sigue?) Recalco lo de presunto, porque, así les parezca rarísimo a algunos periodistas y a las señoras histéricas que andan pidiendo hasta la pena de muerte para el señor Uribe, él es inocente hasta que se le demuestre lo contrario. Aunque el tipo ya puede darse por condenado, porque con semejante presión mediática, no creo que haya un juez que se atreva a absolverlo. Uno podría pensar que la ola de indignación que ha desatado el horrible crimen cometido a esta niña, es señal de que somos una sociedad solidaria. Pero aunque hay mucha gente genuinamente indignada, detrás de la avalancha informativa que este caso ha generado, también hay mucho morbo. Morbo de quienes están indignados porque el PRESUNTO autor del crimen es un niño bien de la sociedad bogotana. Y la mejor prueba de ese morbo es que la inmensa mayoría de las noticias que han surgido sobre el crimen han estado orientadas a hablar del victimario, del que, repito, ya lo sabemos todo. Mientras que de la víctima apenas conocemos que es una niña caucana de 7 años porque los medios la han invisibilizado. Con lo cual, la han convertido en doble víctima.Ese es el gran pecado que ha cometido la prensa: visibilizar al victimario, volverlo el gran protagonista de esta noticia, en lugar de darle ese rol a la pequeña víctima. Con ese manejo errático han generado un grave problema. Los sicólogos explican que, por una extraña razón, volver noticia las andanzas de un violador, anima a los violadores en potencia a salir del clóset y a tratar de cometer una ‘hazaña’ mayor que la que perpetró ese personaje, para que a ellos también les den protagonismo. Tal como ocurre con los suicidas potenciales, que se animan a dar el paso luego de enterarse que otro ya lo dio.Los medios siguen cayendo en la trampa de las redes sociales: actúan en función de los temas que se vuelven ‘tendencia’ en ellas, y para satisfacer el morbo de esas audiencias. Y en esa carrera loca no se detienen a reflexionar en el papel que deben cumplir como orientadores de opinión, que cada vez se les (nos) extravía más.Lo cierto es que caso de sangre en el que se vea involucrado un niño bien bogotano o que pertenezca a la sociedad rola y que ocurra entre las calles 60 y 100 de la capital, tiene todo el despliegue informativo garantizado. Como ocurrió con la muerte del estudiante Luis Andrés Colmenares.Porque si el asesinato de la niña no hubiera ocurrido en Chapinero sino en Aguablanca y el PRESUNTO autor no fuera exalumno del Moderno sino de la Normal de Siloé, este caso no hubiera merecido una línea de la gran prensa bogotana.Con lo cual me reafirmo: el sentimiento que ha generado el asesinato de la pequeña Yuliana Andrea tiene más de morbo que de indignación.Sigue en Twitter @dimartillo

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